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Me he decidido crear este tema para poder debatir con todo el foro ( y así poder "desconectar de las figuras XD") sobre temas que puedan influir tanto en nuestra persona como a nivel general, ya sean temas científicos, económicos de salud... ya sean de España, Colombia o Rusia. Evitaremos temas deportivos por el fanatismo de todos XD, así como ciertos temas políticos, culturales que puedan llevar a discusiones innecesarias.

 

Una zona donde podamos debatir como adultos y conocer puntos de vistas diferentes así como historias, reírnos, llorar, etc. Para empezar os dejo 2 temas que me han llamado la atención, uno triste, y otro que puede cambiar la física, para que podamos debatir

 

Tema 1

Stephen Hawking dice que no hay agujeros negros

[spoiler]

Stephen Hawking y los agujeros negros están indisolublemente ligados. No es que los descubriera él, ni mucho menos, pero sus investigaciones e importantes aportaciones sobre estos exóticos objetos predichos teóricamente y detectados (por sus efectos) en el universo se remontan a trabajos clave de hace más de cuatro décadas. Ahora afirma que no existen los agujeros negros, al menos como se entienden habitualmente. Esta semana ha presentado un artículo, una prepublicación que aún no ha pasado el proceso normal de revisión científica, pero que inmediatamente ha ganado notoriedad. Lo firma él solo, tiene cuatro páginas (una de presentación, dos de argumento y la última de referencias) y lleva un título extraño:Conservación de la información y predicción meteorológica para los agujeros negros. Los físicos presentan habitualmente sus artículos en la web arXiv, donde son públicos, antes de someterlos al proceso de evaluación de expertos obligado para su la publicación oficial.

 

Un agujero negro, en principio, es algo tan simple como un lugar de tan inmensa densidad de materia y energía que su gravedad curva el espacio-tiempo hasta tal punto que nada, ni siquiera la luz, puede escapar. Pero además, dadas sus condiciones extremas, es un banco de pruebas predilecto de los físicos teóricos para explorar sus conjeturas.

 

El punto crítico de los agujeros negros que Hawking ataca ahora es el denominado horizonte de sucesos, esa frontera a partir de la cual nada puede escapar de la atracción gravitatoria, ni la luz. “No hay salida de un agujero negro en la teoría clásica, pero la teoría cuántica permite que la energía y la información escapen de él”, ha explicado el propio Hawking a la revista Nature, que informa en su sección de noticias en Internet sobre este último artículo del célebre físico británico. Para explicar todo el proceso, sería necesario lograr por fin la plena integración en una única teoría de la gravedad con las otras tres fuerzas fundamentales de la naturaleza (es decir, la relatividad general que rige el universo macroscópico y la mecánica cuántica que rige el mundo subatómico), reconoce el científico, pero esa fusión se resiste a los físicos desde hace tiempo y, de momento, “el tratamiento correcto sigue siendo un misterio”, añade Hawking.

 

En su nuevo artículo propone que no hay un horizonte de sucesos en torno al agujero negro, sino un horizonte aparente, que “aprisiona la materia y energía solo temporalmente, antes de emitirla de nuevo, aunque en una forma caótica”, señala Zeeya Merali en Nature. La idea de Hawking es que los efectos cuánticos alrededor del agujero negro provocan fluctuaciones demasiado violentas para que pueda existir esa frontera definida.

 

El horizonte de sucesos, consecuencia directa de la teoría de la relatividad de Einstein, es la superficie alrededor del agujero negro que no puede superar nada que esté atrapado dentro del mismo, ni siquiera la luz, por lo que no puede salir información alguna del mismo. Según la teoría clásica, un famoso experimento teórico un astronauta que cayese en un agujero negro pasaría el horizonte de sucesos sin notar nada especial y, a partir de ahí, se estiraría primero como un espagueti (la enorme atracción gravitatoria es mayor en sus pies que en la cabeza) para acabar completamente aplastado en el infinitamente denso núcleo del agujero.

 

Pero hace un par de años, el físico Joseph Polchinski cambió este escenario proponiendo en su lugar un muro de fuego: según la teoría cuántica, el horizonte de sucesos es en realidad una región de altísima energía en que el astronauta resultaría achicharrado. Esto supone un desafío para la relatividad, recuerda Merali en Nature, ya que según la teoría de Einstein el horizonte de sucesos del agujero negro “debería pasar desapercibido” para el astronauta en caída. La alternativa que propone Hawking, que respeta tanto la relatividad como la teoría cuántica, es que los efectos cuánticos alrededor del agujero negro provocan la violenta fluctuación del espacio tiempo que impide la existencia de una frontera bien definida, descartando así el muro de fuego.

 

El horizonte aparente, que la luz no puede superar para emerger del agujero negro, continúa Merali, y el horizonte de sucesos serían idénticos en un agujero negro que no variase. Pero si el agujero negro va tragándose más material, el horizonte de sucesos crece y se hace más grande que el aparente. Además, con la famosa radiación Hawking propuesta hace cuatro décadas, el agujero negro puede encogerse y el horizonte de sucesos sería más pequeño que el aparente. Esta variación permitiría, en teoría, que la luz escape del agujero.

 

El físico británico sugiere que la frontera real es el horizonte aparente y “la ausencia de un horizonte de sucesos significa que no hay agujeros negros… en el sentido de regímenes en los que la luz no puede jamás escapar”, aunque no especifica cómo puede desaparecer ese horizonte de sucesos.

 

“La idea de un horizonte aparente no es completamente nueva”, señala Jacom Aron enNewscientist. Él y Roger Penrose, recuerda, ya utilizaron la relatividad general para demostrar que los dos horizontes eran idénticos. Ahora, “En este último artículo suyo [Hawking] está proponiendo que la mecánica cuántica puede revelar que son diferentes”. Pero esto no es lo más novedoso de su último trabajo, considera Aron, sino “el intento de utilizar estas ideas para resolver la paradoja del muro de fuego: al eliminar el horizonte de sucesos mata también ese muro de fuego”. Y esto significa que desaparece también la consecuencia obvia del mismo, es decir, que la información no puede emerger de ninguna manera del agüero negro porque el muro de fuego la destruye.

 

Así Hawking da una oportunidad de emerger a la información de la materia aprisionada en el agujero negro. Eso sí, con limitaciones: “la estructura de un agujero negro inmediatamente por debajo del horizonte es caótica, lo que dificulta la comprensión de la información que pudiera salir de él, en otras palabras, la información se pierde en el sentido de que sería casi imposible interpretarla, pero no está destruida”, señala Aron. Es como la predicción meteorológica –de ahí el título del artículo del físico británico- porque “no se puede predecir el tiempo más que con unos pocos días de anticipación”.

 

Don Page (experto en agujeros negros de la Universidad de Alberta, Canadá) apunta en Nature, que el caos de la información en el agujero negro es tal que intentar interpretarla tras emerger de él sería peor que intentar reconstruir un libro quemado a partir de sus cenizas.

 

El breve artículo de Hawking no incluye cálculos, recalca Aron “lo que hace difícil sacar conclusiones sólidas”. Se estudiará y se discutirá la nueva idea, incluso puede que el físico británico se enganche en alguna nueva apuesta con sus colegas, como ha hecho –y a veces, perdido- en el pasado acerca de cuestiones profundas de física teórica. Lo que está claro es que ni la gravísima incapacidad que padece ni sus 72 años recién cumplidos restan potencia a la mente de este gran científico.

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Tema 2

La vida robada de Nora

[spoiler]

El jueves 22 de septiembre de 2011 Nora Ayala, 16 años, de familia de clase media sin apuros, como muchas de sus amigas que acabaron enganchadas a la cocaína por la misma red que las prostituía, no quisó ir a su clase de Tercero de la ESO. Vivía en una urbanización con parque y piscina, en un primer piso amplio. Su madre, Teresa Ponce, 48 años, croupier en el casino de Mallorca, abrió la puerta de su cuarto y no la encontró. Empezó a buscarla y cuando volvió a su cuarto la vio saliendo de debajo de la cama. Le preguntó qué hacía. Contestó que no quería ir a clase. Su madre la convenció, pero ya vestida y con la mochila con zumo y bocadillo que le preparaba su padre, Paco Ayala, 50 años, se negó a salir del edificio. Finalmente la llevaron al instituto. Es probable que esa mañana, como había sucedido más de 100 ocasiones en los últimos meses, Nora aprovechase el recreo para fugarse.

 

El viernes 23 de septiembre de 2011, dos días antes de morir, Nora Ayala llegó a casa a las tres de la madrugada y actualizó en Facebook su estado con un par de mensajes. A las seis llegó su madre de trabajar. Se sorprendió de que estuviese despierta y le preguntó si había bebido. Ella contestó que era la que menos bebía de sus amigas. «¿Te gusta sentir eso en la cabeza?». No, contestó. Su madre le pidió que no fumase, porque si seguía luego querría dejarlo y no podría. Nora le dijo que quería estudiar, que cuando tuviese un año más podría sacarse el graduado en cuatro meses. Su madre le respondió que ahora iba a empezar el curso de estética y que se durmiese porque era muy tarde. Nora le dijo que había ido a pedir trabajo al ciber de la plaza, que conocía a la mujer de allí. Pero en ese lugar no trabaja ninguna mujer.

 

A la plaza se la conocía entre Nora y sus amigas como el parque del Otta porque es el nombre que recibe el locutorio de Calistus Okay Ezenwa, llamado Otta. Se trata del lugar de reunión de muchos africanos de la zona. El negocio está a una altura y debajo hay seis bancos rodeando un jardín y un árbol lleno de pájaros. Paco, que viste polo y pantalón negro, señala el único banco ocupado. Dice que allí estaba siempre su hija con sus amigas y con Eva, una mujer de 35 años, toxicómana y prostituta, y la hija pequeña de ésta. «Las tenía en el escaparate», dice Paco. Se pregunta por qué en los balcones nadie vio nada extraño. Al otro lado de la calle un edificio acoge pisos patera y es foco de trapicheos. Hay un coche patrulla aparcado enfrente. En el banco en el que pasaban las tardes Eva y las niñas están sentadas tres mujeres con una guía turística de Mallorca.

 

El sábado 24 de septiembre Nora comió con su madre. A las 14.32 llamó a Eric varias veces. Eric no devolvió las llamadas en todo el día. Eric es Edizon Cornelio Flores, un ecuatoriano de 35 años. Trabajaba de cundero transportando yonquis a Son Banya, el gigantesco supermercado de la droga de Palma de Mallorca. Eric también hacía labores de camello motorizado. Le pedían «cervezas», «pizzas», «naranjas» o «hamburguesas». A veces un cliente estaba tan necesitado que quería «caballo» o «roca» y Eric montaba en cólera. El hombre, casado, tiene siete hijos con diferentes mujeres. El último es un bebé; una declaración sitúa a Nora en casa de Eric con su mujer poniéndose de parto. En la agenda del ecuatoriano, Nora era «Roma». Consideraba a la chica como su novia, la vigilaba por el barrio, la agredió tres veces -una de ellas por celos al recibir Nora un mensaje de un chico de su edad- y la prostituyó a cambio de micras, rayas de cocaína con las que tenía a Nora pendiente de él. El mismo método, pero sin la obsesión con la que trataba a Nora, lo utilizó al menos con otra menor, Paloma.

La adicción

Tras el intento frustrado de hablar con Eric, Nora llamó ese sábado a Eva a las 14.38. Eva le devolvió la llamada tres minutos después y hablaron 41 segundos. Dos minutos más tarde. Eva volvió a llamar y hablaron 32 segundos. Tanto Eva como Eric vivían en la calle Antoni María Alcover, en bloques separados, cerca del parque. La misma calle en la que vivieron Paco y Teresa con Nora hasta que la niña tuvo seis años. Eva se negó a hablar en el juicio pero antes hizo dos declaraciones a la policía. La primera en marzo de 2012 y la segunda en mayo. Conoció a Nora cuando la niña tenía 14 años; llegaba a las tres de la tarde al parque y se iba a las siete porque siempre acompañaba a su madre a recoger su padre al trabajo, un hotel del Arenal. Dijo en comisaría que fue una amiga de Nora la que la introdujo en los porros y en la cocaína. Incluso le daba morfina que esta niña tenía en casa a causa de la enfermedad de su madre. Una de las tardes que pasaban en el parque Eric se fijó en Nora y le insistió a Eva para que se la presentase. Le dijo que le gustaba la niña y que intentase convencerla para que se acostase con él, que le daría droga a la chica y a la propia Eva por la gestión. Eva lo hizo y Nora, a pesar del rechazo que le producía Eric y que reveló a través de mensajes de Facebook (discutió con una amiga para ver quién se iba con él un día y tener así cocaína para las dos), empezó a tener relaciones sexuales con el ecuatoriano a cambio de droga. Nora nunca estaba lo suficientemente puesta; las dosis, a ella y a sus amigas, las dejaban en estado continuo de esperar la siguiente raya.

 

Eva citó en su declaración nombres de africanos y dominicanos que le pidieron el contacto de Nora y con los que la chica se empezó a acostar por coca o dinero. Con Otta, malí de 45 años, sabe que se fue al menos un día con él por 50 euros. Con otro malí, Mady Camara, solía irse por las tardes antes de ir a buscar a su padre al trabajo; la llamaba con número oculto y le daba por sexo medio gramo de cocaína, marihuana y 20 euros. El dominicano Joel Roque Guzmán le pidió a Eva que le presentase a Nora porque le parecía muy guapa y empezaron a tener relaciones en unas habitaciones alquiladas por 20 euros la hora en S'Escorxador.

 

El dominicano Raúl Antonio de la Cruz (que también se acostaba con Xisca, una menor a la que grababa con lencería y en actos sexuales para «hacerse pajas» por las mañanas), se dirigió a Eva para decirle que su amiga Nora «estaba mu y buena»; si se la conseguía, él pagaba 150 euros, 50 para Eva y 100 para Nora. Eva se la presentó y empezaron a mantener relaciones. Al mallorquín Josep Joan Bonnin, Pep, Eva dijo no conocerlo pero tenía constancia de que la chica se acostó algunas veces con él a cambio de un par de rayas. También citó al hombre al que Eva limpiaba la casa y con el que mantenía relaciones sexuales por dinero, José Manuel Egea, un jubilado de Telefónica de 65 años acusado de prostitución, corrupción de menores y abusos sexuales. Este hombre se fijó en la belleza de Nora e insistió en conseguirla para él. Nora lo rechazó y él insistió al punto de decirle delante de Eva: «Nora, piénsatelo que tengo mucho dinero y lo que haga falta». Eva dijo que Nora finalmente empezó a darle clases de informática a José Manuel por 10 euros la hora y que Nora dejó de ir porque «le daba asco». Eran servicios sexuales a los que Nora recurría cuando necesitaba con urgencia una dosis.

 

En los siete meses en los que se produjo la caída a los infiernos de Nora hay 781 llamadas cruzadas entre Eva y ella, 456 con Eric, 124 con José Manuel, 202 con Mady Camara y 13 con José Criado, un traficante de drogas al que en el momento de la desmantelación de la trama encontraron 556 gramos de cocaína en casa.

 

Nora no estaba sola. Varias de sus amigas, todas estudiantes de la ESO y de familias acomodadas, cayeron en la dependencia y fueron reclamadas sexualmente a cambio de cocaína por los mismos hombres. También otras a las que no conocía. Una de ellas, Sara, tiene una discapacidad mental del 46% y la red llegó a darle instrucciones en papel para saber lo que tenía que hacer con sus clientes. Mantuvo relaciones sin protección. Uno de los que la requirió fue Egea, que pagó 20 euros (10 a Sara y 10 a Eva). La chica llegó a casa un día y dijo que había empezado a salir con Josep Joan Bonnin, de 19 años. La madre de Sara reconoció sorprenderse un poco, pero vio en Pep, como le llamaban, un buen chico. Un día de noviembre de 2011 sonó el teléfono de Sara y cogió su madre. El interlocutor se presentó como «el morenito» que iba con «otro moreno» días atrás. Le preguntó a Sara si le apetecía quedar con él. La madre, haciéndose pasar por su hija, quiso saber para qué. Le respondió que «para follar, para qué va a ser»; le pagaría 20 o 30 euros.

 

Sara convenció a su madre de que se trataba de una broma. Pero siguieron llegando señales: a principios de enero Pep se presentó para buscarla y la madre de Sara le dijo que estaba castigada limpiando la casa; Pep se ofreció a limpiarla él mismo para que saliese. Y por fin el 20 de enero los padres de Sara cogieron su teléfono y escucharon 13 mensajes de voz. Eran todos para quedar con ella. Eva le instaba a correr a su casa porque tenía «a un dominicano». Pep le decía textualmente: «Hola Sara, soy Pep. Está aquí el Pedro y sólo tiene 10 minutos. Vente para mi casa. Yo me quedo con el dinero y tú te vas con el tío, porfa». A los padres de Sara les dio un ataque de ansiedad. Llevaron los mensajes a los padres de Pep, que lo llamaron; al llegar éste y empezar a escuchar el buzón de voz, saltó por una ventana y escapó. Llegó la Policía. Los agentes escucharon los mensajes y dijeron que si la chica lo hacía voluntariamente no podían hacer nada. Con el informe de la psiquiatra, los padres se fueron a comisaría impelidos por la doctora, donde formularon la denuncia con todas las pruebas. Días después pasaron por el parque para saber qué estaba pasando allí; se encontraron con Eva. La madre de Sara la llamó «indeseable» y la acusó de prostituir a su «hija enferma». Eva reaccionó diciendo que la indeseable era su hija por haberse «tirado a todos los negros», y que Pep, su novio, la había enganchado a la heroína para prostituirla y ganar dinero con el que drogarse él y sus amigos.

 

Para entonces Nora Ayala llevaba muerta cuatro meses por sobredosis. Al principio, cuando sus padres se presentaron en comisaría con todos los datos de su teléfono y redes sociales, un agente les pidió que no se hiciesen «pajas mentales». Pronto se iban a fundir las dos investigaciones en una: la Operación Nancy, dirigida a una organización en la que Eva María Vera y Pep Bonnin hacían labores de captación de menores para introducirlas en la prostitución y en la droga.

El final

El sábado 24 de septiembre de 2011 Nora llamó a José («José Jefe Eva» en su agenda) a las 18.31. A las 19 horas, como siempre, acompañó a su madre a buscar a su padre al trabajo y a la vuelta le dijo que, pese a que había quedado, no le apetecía salir. A las 22.43 y 22.44 la llamó Mady Camara; no salió de casa.

 

El domingo 25 de septiembre, su último día de vida, a Nora la despertó una llamada de Eva a las 13.59. Mientras picoteaba algo en la cocina le dijo a su madre que le apetecía ir a comer a un restaurante chino. Discutieron porque su madre insistió en preguntarle quién le estaba comprando ropa o un móvil tan caro como el iPhone (Nora le había dicho a su padre que se lo vendió el padre de una amiga por 20 euros. En realidad el móvil, robado en Magaluf, se lo había dado Eric). Un poco antes de salir de casa llamó a Eric, que no contestó. Luego a Mady Camara. Eric le devolvió la llamada a las 14.44; hablaron más de un minuto. Desde ese momento Nora y Eric se cruzaron numerosas llamadas a lo largo de la tarde (Eric tenía dos números, uno de ellos como Eddy en la agenda de Nora). La chica salió de casa alrededor de las tres de la tarde. Según Eva, apareció en su piso llorando a causa de la bronca familiar. Fueron a comer a un chino.

 

La versión de Eva dice que ya en el parque Nora recibió una llamada, se fue 10 minutos y volvió con dos rayas, que se metió en el baño de una cafetería. Le sentaron mal y tuvo que llevársela a su casa (Eva vivía con una madre en silla de ruedas y su hija de 5 años, que dejaba al cuidado de menores o incapaces; la investigación deduce que además en esa casa Eva recibía a clientes con la niña dentro, algo que ella negó). Ya en su piso, Eva le echó agua fría en la cabeza para que Nora se restableciese. La mujer declaró que Nora después se iría con Eric, pero es falso: la niña siguió llamando a Eric sin resultado y no sería hasta las siete de la tarde cuando contactaron. A esa hora Nora tenía que ir con su madre a buscar a su padre al trabajo. De camino Nora dijo que había comido en un chino con una amiga de su edad y su familia. De vuelta, a las 20.30, pidió salir. Su madre le dijo que estuviese de vuelta a las 22.30; Nora arañó media hora más.

 

Días después Eric le diría a Eva que había quedado con ella esa tarde a la vuelta de recoger a su padre. Que estuvieron en Son Banya, donde hizo dos cundas, y en el poblado le compró a Nora cuatro rayas, «echaron un polvo» y la dejó de vuelta en perfecto estado. No recordaba la hora: entre 22.30 y 23.45. Según la reconstrucción policial, siguiendo las horas de llamadas y los posicionamientos de sus teléfonos móviles, Eric y Nora se vieron en la zona de la Puerta de San Antonio. Hasta allí llegó Nora andando y con mono de cocaína. Eric le facilitó drogas y la llevó después en su coche a casa. Los investigadores creen que Nora sufrió una sobredosis y que Eric la subió al coche a toda prisa para dejarla abandonada en el portal (está acusado de denegación de auxilio, maltrato habitual, delito contra la salud pública y prostitución y corrupción de menores).

 

A las 23.15 en el piso de la Carrer de Joan Miró, donde viven desde hace diez años Paco y Teresa, empezaron a producirse escenas de nervios. A pesar del comportamiento errático de Nora en los últimos meses, a pesar de que tiempo atrás tuvieron que mandarla a El Puerto de Santa María (de donde es la familia) para encauzar sus estudios y de que sospechaban de sus malas compañías, la familia tenía claras dos cosas: que su hija siempre iba con su madre a las 19 horas a recoger a su padre y que jamás se pasaba de la hora que le ponían por la noche. La llamaron y no cogió el teléfono.

 

Un cuarto de hora después salieron a buscarla. Nada más abrir la puerta del rellano de su piso se encontraron a Nora tirada en el suelo boca arriba, con una brecha en la barbilla de la que manaba sangre que le cubría la cara. Un poco más abajo estaba una sandalia partida por la mitad («una sandalia buena, cara, de las que no se rompen fácil», dice Paco), una mancha de sangre en la pared y un botellín de plástico azul oscuro con la etiqueta arrancada en el que queda un culo de agua. Dos años después ese botellín Paco lo sigue teniendo en la nevera por si la Policía algún día quiere coger huellas. Le habían dado tres euros y volvió con 50 en el bolso. Dentro estaban las llaves y su móvil. Los padres de Nora insisten en que nunca subía por las escaleras; iba en ascensor porque le encantaba hacerse selfies.

 

Al día siguiente Eva llamó al móvil de Nora y al enterarse de su muerte dijo que la chica llevaba tiempo saliendo con un colombiano llamado Joel que le daba dinero y cocaína por acostarse con él. Se presentó en el tanatorio con muchas de las amistades de las dos y allí insistió a las primas de Nora en exculpar a Eric y culpar a Joel, aunque acabaría rectificando. Les habló también de un cubano llamado Henry Luis que estaba en la cárcel en la isla y de la que Nora estaba enamorada (Nora se hizo en la muñeca un tatuaje que pone Luis; sus padres dicen que es por su abuelo, que se llamaba así). Estas primeras informaciones, obtenidas por las sobrinas de Paco y Teresa, llegadas de Cádiz para acompañar al matrimonio, tuvieron un efecto demoledor en la familia, que se puso a investigar hasta desenmarañar una trama en la que siguen metidos. Y empezaron otra vida: la de Nora sin Nora.

Los padres

Paco y Teresa se conocieron de adolescentes en El Puerto de Santa María, en Cádiz. Tuvieron una larga relación y tiempo después quisieron tener un hijo. Les costó trabajo. «Seis años para tener una hija y mira cómo me la han dejado», dice Paco. A los cinco meses de nacer Nora, Teresa sufrió un cáncer de pecho; se lo amputaron. Ha intentado reconstruirlo tres veces sin resultado.

Dos años después de la muerte de Nora, Paco no ha vuelto al trabajo. Fuma tres cajetillas diarias de Marlboro, no duerme hasta las cinco de la mañana y tres horas después acompaña a su mujer al casino. El primer año bebió. Salió del alcohol por lo mismo que no vengó la muerte de su hija: para no dejar sola a su mujer. Al terapeuta le anunció las ganas que tenía de tener delante a los proxenetas y clientes de su niña; el psicólogo le disuadió y avisó a la policía, que vigiló a Paco un tiempo.

 

Ello no evitó varios cruces. Al jubilado Egea, que desayunaba a las nueve de la mañana en Marita, fue a pegarle gritos un día para que todo el bar supiese de quién se trataba. Lo hizo con otros en El tapeo de Paco («los echaron a ellos y también a mí»). En el Bar Estadio localizó a dos, que no volvieron tras el broncazo; Paco los fue siguiendo por los bares que paraban. Una tarde, paseando con su mujer (calculan paseando lo que le llevaba las distancias a Nora cuando iba a pie para confirmar versiones; controlan los tiempos del semáforo por si se los encontraba en verde o rojo) se cruzó con el hermano de Egea, del que dice que les miró mal. «Fui y le dije que no volviese a mirar a mi mujer así en su vida».

 

Tiene en la muñeca tatuado el nombre de Nora y pronto se tatuará su rostro en el antebrazo. Es un hombre amable, cálido y profundamente dañado. Quiere que los tribunales reconozcan que su hija fue asesinada por una dosis mortal de cocaína y heroína, que tuvo en sangre niveles extraordinarios para una niña de 16 años reconocidos por varios forenses. Pero no hay acusación así en el proceso. La sentencia se sabrá a partir del día 23; Paco y Teresa quieren estudiar los 12.000 folios del sumario. Por casa sigue Daisy, la yorkshire que recogió Nora. Sus padres dicen que el instinto de la chica era ayudar a los débiles y a los animales, y que su sueño había sido ser médico y luego veterinaria. Daisy tenía dueño; lo averiguó Paco por el microchip y fue a decirle que había encontrado a su mascota. El hombre le dijo que había echado a la perrita de casa para ver si la atropellaba un camión.

 

El cuarto de Nora está como lo dejó ella salvo la urna con sus cenizas en la cabecera de la cama. Sigue su ropa en el armario y decenas de fotos suyas en el corcho. Aquí duermen sus padres porque las sobrinas están ocupando su habitación. Paco y Teresa emprenderán pronto la reforma del cuarto que su hija les había pedido. Tirarán tabiques para ampliarlo, pintarán las paredes del verde que quería Nora y tendrá luces que se apagan y se encienden con un aplauso.

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La de Nora es muy fuerte, si las drogas de por si ya hacen lo suyo, tener unas "amigas" que te prostituyan por unos gramos ya lo remata del todo. Luego las angelitos las amigas, porque ellas "sólo" consumían la droga, pero era la otra la que se acostaba con los camellos a cambio de dosis...
Sumarle que los camellos sacan tajada del negocio... Una chica que necesita dosis y la paga con sexo parece una oferta tentadora para esa gente, y claro les sale bastante más barato y les renta mucho más el negocio que hacían con Nora.

Si ""únicamente"" la chica hubiese estado enganchada a las drogas, la cosa no habría terminado así, yo creo que por lo menos seguiría viva, mayoritariamente las amigas eran las que hacían que Nora consiguiese más droga mediante más gente cada vez, y nunca es suficiente sobre todo en las drogas.

En fin, ya se ve lo que hacen las drogas y las malas compañías, si se mezcla todo puede acabar en tremenda desgracia como esta...
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La verdad que tener amigas así no se necesitan enemigos, que te usen para drogarte o que digan " a ver quien se acuesta con este para las demás nos coloquemos", no dicen mucho de ellas.

 

A mi lo que me llama la atención que los padres no se dieran cuenta de que su hija se drogara. Vale que los primeros meses uno no se de cuenta, pero tras varios meses consumiendo bastante, los síntomas, los cambios de humor, el físico...que se tiene después de meses no los vean,no dice mucho de los padres también.

 

Y ya el instituto un cachondeo, se escapa 100 veces y nadie llama al trabajo o a casa para decir "Su hija lleva faltando las últimas horas meses" y que estos actúen en consecuencia.

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Ellas conseguían droga gratis y claro, una conseguía para todas así que a aprovechar.

Pensarían que sería algo pasajero o una estupidez y que luego pasaría, y luego pasa lo que pasa, no se preocupan lo suficiente de que su hija este con las drogas y así acabo.

En todos los institutos mínimo 2 por clase se fugan en los recreos, o simplemente vienen una vez al mes y les parecería normal que una niña de buenas notas lo hiciese... Una cosa es un repetidor, que desprende sabiduría y olor a porro, pero ya una niña como Nora pues se tendrían que haber dado cuenta de que era algo bastante serio.
Aún así no es normal que a estas edades fumen y se droguen, pero lo de los repetidores ya se va haciendo 'normal' y los institutos no se preocupan.
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Cuando te metes 2 al día ya algo pasajero es dificil, cuando también se metía morfina, heroína..

 

En un instituto serio pasan lista en todas las clases, sabiendo quien viene o quien deja de venir en la ESO, el Bachiller es otra cosa, y si ven que X persona falta 10-15-55 días a partir de una hora lo normal en un instituto serio es ponerse en contacto con los padres e informarles de la situación y que estos ya tomen medidas, pero si en la ESO que es obligatoria el instituto no hace nada, normal que la generación que viene sea como es.

 

Con 12 años fumando, con 13 porros y alguna raya y las mujeres bajándose los pantalones y luego con sorpresas

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Yo me refería a que los padres no se debieron de preocupar en cantidades grandes al pensar que su hija simplemente estaba probando algo nuevo. Pero claro no se enteraban de todo lo que debieron.

Aquí cada vez es más común fugarás en alguna clase, y volver oliendo a porro, nos podríamos toda la clase colocar sólo con lo que huele. Pero nada, las profesoras y profesores no se preocupan ni preguntan, para que.

Con 12 aquí fumando cigarros y porros, más lo que pillen, lo demás se ve venir que en breves con el paso que llevan.
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Al principio es dificil saber si alguien se droga, solo cuando ya llevas tiempo y empiezan las secuelas físicas, psicológicas...

 

Por eso luego la gente se queja de que la juventud que viene va a ser un cuadro, si los profesores por ley no se preocupan pues claro, En mi época de ESO pasaban lista en todas las clases y faltar a una clase, a una sola clase ya estaban llamando a mis padres para ponerles la cabeza como un bombo y decirles porque cojones su hijo no está en clase XD, pero ahora pasando normal que la gente falte a clases, venga borrachos y colocados que da igual,

 

Más que culpa de la chica que es, veo mucha culpa en el centro y en los padres.

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Si psicológicamente se nota solamente con todo lo demás debería ser fácil saber que tu hija se droga.

Aquí pasan lista todos los días, y ya si eso, pasados 2 meses que el alumno no viene, ya si eso llaman a los padres. Suelen más atontados después de fugarse, hacen de ambientador exótico y la profesora ni se inmuta. Creerán que es una nueva colonia, pero a los demás se nos pone la cabeza pufff y la profe no se da cuenta de que el olor no nos deja respirar bien, tapándonos la nariz y nada no ven.

Como estas generaciones van así, por una chica más que se una a fugarse y a las drogas les parecerá normal.
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O que algo la está pasando leyendo como se comportaba muchas veces.

 

Pues imagina faltar 100 días que son más de 4 meses, y si aún así no se ponen en contacto con los padres, no quiero saber donde estudiaba esta chica, si era un instituto o en un bar que entra cualquiera como pedro por su casa.

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O que puede que no supieran leer las señas, pero los síntomas ahí están y eso se debe notar.

 

A la semana de que falte si no lo justificas lo avisas, te sientas y seguro que se derrumba y confiesa lo que la pasa y de ahí tomar medidas, pero si el centro pasa olimpicamente dificil saber las cosas a día de hoy eso que es obligatorio por ley.

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Normalmente, todos los casos que terminan con tragedias vienen precedidos de situaciones extremas en las que nadie de los que rodeaba a la víctima se implicó para evitar un desenlace así. Me temo que aquí nos encontramos con unas "amigas" que tienen la ética en el culo y algo muy raro en el tema de las faltas de asistencia a clase, que en cualquier otro sitio se envían como mínimo una vez al mes a las familias.

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