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EL RESURGIR DE DAGÓN


plata

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Bueno compañeros, aquí os traigo la cuarta de, creo recordar doce versiones que he hecho sobre la continuación de Dagón... finalmente, esta es la que más me ha gustado o al menos, es la que más me ha convencido  :unsure:  sinceramente, pensé me iba a resultar más fácil pero, bueno me hice un lío de esos que hacen historia. Espero que la conclusión de esta historia no me cueste tanto... (digo la cuarta por que, he conservado la gran mayoría de los fragmentos que escribí para ella... aunque en realidad es una mezcla de las doce).

 

En fin, gajes del oficio... 

 

Como siempre, gracias a todos por pasaros y emplear parte de vuestro tiempo en leernos, espero esta segunda parte os guste y la disfrutéis, muchas gracias de verdad compañeros.

 

HIJOS DE DAGÓN

 

EL PRIMERO DE SUS HIJOS, LA BESTIA

 

DAGÓN, LA LEYENDA DEL EMPERADOR DE LOS OCÉANOS

 

1-EL OCASO DE UN DIOS

 

2-TRIBUTO A DAGÓN

 

3-AUDIENCIA CON POSEIDÓN

 

4-VERGEL DE KRONOSAURUS

 

5-LA DECISIÓN DE ZEUS

 

6-EL GUERRERO DE LA LANZA

 

7-NOMMO, MISTERIOSO E INQUIETANTE

 

8-EL RESURGIR DE DAGÓN

 

9-CUANDO TODO PARECE PERDIDO

 

10-DAGÓN, OCÉANO TENEBROSO

 

 

DAGÓN, LA LEYENDA DEL EMPERADOR DE LOS OCÉANOS

 

1-OCÉANO TENEBROSO

 

2-CHOQUE DIVINO

 

3-DE VUELTA A LA REALIDAD

 

4-LOS REFUERZOS DE DAGÓN

 

5-EL ORIGEN DE NOMMO

 

6-RAULOS DE MEGALODONTE

 

7-EL DRAGÓN DE LOS MARES Y CARIBDIS

 

8-LA DETERMINACIÓN DE NOMMO

 

9-SORRENTO

 

10-POSEIDÓN DESATA LA IRA DE DAGÓN

 

11-UNA AYUDA INESPERADA

 

12-CLÍMAX LETAL

 

13-EL MOMENTO DE LA VERDAD

 

14-UNIDOS FRENTE A TALASA

 

15-TRES GENERALES Y UNA DIOSA

 

16- LAS FUERZAS DEL CAOS

 

17- EL ÚNICO SEÑOR DE LOS OCÉANOS

 

 

 

 

HIJOS DE DAGÓN

 

 

Unos días antes del resurgimiento de Dagón…

 

 
-Quiere matarlo…él… quieren matar a nuestro señor… quieren hacerle daño.- Los profundos y oscuros ojos de Talasa destellaron irradiando una mística y primitiva luz que traspasó la turbia cualidad de las aguas. Al instante, una descarga sacudió todos sus nervios. Lentamente, fue despertando…
 
-¿Quiénes?- preguntó a la par que llevaba sus manos hasta su vibrante garganta… Su voz, apenas sí reconocía su propia voz desde que renació convertido en uno de los guerreros de Dagón.
 
-Él, él impostor… - buceando en las oscuras y turbias aguas, Talasa se deslizaba a su alrededor, mientras él la seguía con su aún adormecida mirada- Poseidón y sus súbditos depravados- realizando un rápido e inesperado giro, Talasa apareció a  su espalda y tras posar sus gélidas manos sobre sus hombros le susurró al oído- ¡Mátalos!
 
De nuevo, una brutal descarga sacudió su todo su cuerpo.
 
 Abrió sus ojos fijando su mirada en algún punto perdido en la distancia, atónito mientras que;  poco a poco, sus sentidos despertaban y su cabeza “digería” las palabras que su señora le había susurrado en su letargo. Algo violento se agitó en su interior.
 Exhaló el aire de sus pulmones, intentando controlarse…  cientos de pequeñas burbujas comenzaron a ascender hacia la superficie del mar  a la par que, la cólera, crecía en su interior.
 
-Debes evitarlo. Debes acabar con ellos. Debes proteger a Dagón…- el aire que lentamente liberaba de sus pulmones formó una cortina de burbujas frente a sus ojos que el rostro de Talasa rasgó obligándolo a hundir sus fieros ojos en los pozos insondables que eran los suyos- ¡tú, el más letal de sus guerreros, el más fiero, el primero de sus hijos!,  desciende a las profundidades marinas, acosa a nuestro enemigo. ¡Devóralos antes de que puedan siquiera intentar hacer algo contra nuestro señor…! ¡Destrúyelos! ¡Mátalos! ¡Devóralos a todos!- gritó Talasa.
 
…y, alimentada por la primigenia fuerza que contenían las poderosas escamas de Dagón que ahora lo revestían, violentamente, la ira estalló en su interior.
 
A su garganta, asomó un terrible rugido. La figura de Talasa se fue deshaciendo confundida entre las miles de burbujas que ascendían desde su boca abierta a la par que sentía la sangre hervir en sus venas.
 
 No sólo había osado usurpar el lugar de su señor, sino que… ahora pretendía matar a Dagón, a su señor…
 
 Lo destrozaría. Devoraría a ese sucio impostor y a todos sus súbditos… Él, el más terrible y letal de los hijos de Dagón.
 
Realizando un rápido movimiento, las escamas de Dagón refulgieron adhiriéndose a él como una segunda piel, deslizándose suavemente sobre su cuerpo, virando del azul a un gris plateado, confundiéndose, adaptándose al medio que lo rodeaba, mientras aprovechaba las diferentes corrientes y avanzaba velozmente, con la ferviente determinación de encontrar y aniquilar al impostor…
 
 
 
EL PRIMERO DE SUS HIJOS, LA BESTIA
 
 
 
…en la distancia, observaba. Pegado al fondo marino, sirviéndose de sus ahora oscuras escamas, bien podía parecer una roca. Sin embargo, cuando extendía sus poderosos brazos y piernas, su armadura rápidamente se adaptaba a las diferentes tonalidades de las aguas y era prácticamente imposible descubrir su presencia hasta que ya era demasiado tarde.
 
Por su fuerza, por su poder e inquebrantable fe en su señor, Dagón lo había revestido con sus escamas… con las escamas de la letal y poderosísima bestia y a cambio de tan grande honor, sólo le había pedido una cosa… que destruyera, destrozara y devorara a sus enemigos, cosa que él, estaba más que dispuesto a cumplir.
 
 Puesto que; desde su más tierna infancia, desde que tenía uso de razón  siempre había sido una fiera asesina, un depredador nato, un psicópata violento y sádico que disfrutaba de cada instante invertido en sus presas; pequeños animales al principio, luego algo más grandes hasta… degustando con especial deleite no sólo el momento de acecharlas, sino el de destrozarlas y… devorarlas.
 
Varias siluetas azuladas seguidas de una figura dorada pasaron deslizándose a gran velocidad justo por encima  de donde él se encontraba. Sonriendo, aguardó unos instantes y entonces se deslizó tras aquellas figuras que, grácilmente serpenteaban aprovechando la gélida corriente que fluía en torno a la costa de Eubea mientras que, de vez en cuando, la silueta dorada se detenía a comprobar que nada los seguía.
 
 
 
Realizando un rápido giro, Diomio de Kraken se volvió a comprobar por enésima vez que nada, ni nadie marchaba tras ellos. Durante unos instantes, el general permaneció flotando en medio de aquella gélida corriente, expandiendo su energía…
 
Nada, el general tragó saliva, ¿entonces, cómo se explicaba qué…? ¿Por qué no lo abandonaba aquella desagradable sensación que le aprisionaba la boca del estómago? Sus ojos destellaron. Había perdido mucho tiempo realizando rodeos, comprobando, asegurándose de que todo marchaba como era debido. No podía permitirse el lujo de perder si quiera un segundo más, debía regresar e informar… si tardaba un poco más, Kalos se preocuparía y entonces… 
 
“Tranquilo Diomio”, se dijo así mismo mientras volvía a escrutar una vez más la distancia, “nada nos sigue, sólo son tus temores… lógicos, pero infundados, no hay nada detrás… esa cosa no…”
 
Avanzado un buen trecho las marinas abandonaron  la corriente. Tras profundizar un poco más, nadaron en dirección a una inmensa pared coralina donde detuvieron su deambular y aguardaron a que su superior los alcanzara. De nuevo, Diomio de Kraken se volvió escudriñando la distancia, oteando la vasta profundidad de las cristalinas aguas…
 
 
Mimetizado con el fondo marino, él vigiló los movimientos del general y sus marinas sonriendo de satisfacción al verlos desparecer en el interior de aquellos corales. 
 
Tras varios días recorriendo las interminables llanuras abisales, así como las misteriosas cordilleras y fosas marinas, atacando, acosando a los ejércitos de Poseidón, al fin parecía haber encontrado lo que andaba buscando. Tras aquella hermosa pared coralina, debía de hallarse la entrada al reino de Poseidón… 
 
En esos momentos, la bestia sintió cómo los latidos de su corazón se acompasaban al ritmo de sus oscuros y primigenios instintos asesinos mientras su cuerpo emitía unos ligeros pulsos que rebotaban contra el coral devolviéndole una imagen mucho más nítida de lo que tras estos se ocultaba…
 
Lentamente, la bestia extendió sus poderosas extremidades, avanzando,   acercándose a la preciosa pared. En ese punto justo, el pulso que emitía le devolvía una imagen distinta a la del resto de los corales. Sus labios se alargaron permitiéndole a sus afilados dientes asomar en una inquietante sonrisa… había encontrado la entrada al reino de Poseidón.
 
Sin poder evitarlo, recorrió con su lengua el puntiagudo contorno de sus dientes, sobre los que ya sentía desfallecer la temblorosa carne de sus enemigos. Frenético,  abrió su boca y de su garganta salió aquel misterioso sonido  que se propagó y perdió en la distancia, mientras el ansia de sangre crecía en su interior y tomaba el control…
 
Violentamente, hundió su puño en aquel punto de los corales, abriendo en ellos un inmenso socavón. Sus ojos destellaron inyectados en sangre... la bestia entraba en los dominios de Poseidón. 
Edited by plata
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DAGÓN, LA LEYENDA DEL EMPERADOR DE LOS OCEÁNOS
 
 
 
EL OCASO DE UN DIOS
 
 
 
Desde la cúpula más alta del palacio celestial,  completamente armado, Zeus oteaba el cielo mientras los dorados rayos del sol comenzaban irradiar su cálida y envolvente luz sobre la tierra. 
 
¿Quién lo hubiera imaginado?, se dijo así mismo mientras contemplaba la gigantesca corona de fuego ascendiendo en el horizonte que, alguna vez el llegaría a preocuparse por… eso.
 
Casi sin darse cuenta, sin poder evitarlo, dirigió entonces su mirada hacia sus manos y sonrió. Jamás se había molestado en entenderlo… su misterioso devenir, sus estrictas leyes, la gravedad de infringirlas y sus consecuencias… 
 
 Nunca se había preocupado por el paso del tiempo.  Puesto que él, no estaba sujeto, como otros seres y criaturas lo estaban a la complejidad de sus normas, ya que él era un dios y no un dios cualquiera,  ¡él era el rey de los dioses!
 
 Irónicamente, tiempo, era precisamente de lo que no disponía…
 
-Zeus, padre- la voz de Hermes lo sacó de su estupor.- han llegado, sólo falta Poseidón, y dudo mucho que aparezca. Padre,- rápida y silenciosamente, Hermes apareció a su espalda- ¿os sucede algo?
 
-No Hermes- Zeus negó con su cabeza mientras dirigía su mirada a la tierra y con esta traspasaba las nubes; profundizando, ahondando en los blancos cúmulos a la par que comenzaban a hacerse visibles a sus ojos las gigantescas montañas, los frondosos bosques, la singular sencillez de las aldeas y sus moradores que lentamente, comenzaban con sus quehaceres diarios,  así como el esplendor del mármol de los templos y palacios de las grandes ciudades  y,  tragó saliva cuando sus ojos se posaron en… aquella extraña y densa miasma que, desde hacía varios días ahogaba con su mortecina presencia, océanos y mares.- Poseidón- susurró- no tenías que demostrarme nada…
 
-¿Decíais?- inquirió Hermes a su espalda.
 
-Ahora mismo voy Hermes…
 
 
TRIBUTO A DAGÓN
 
 
Era el tercer día que los marineros y pescadores salían a navegar con sus corazones sobrecogidos. Bogando con extremo cuidado sobre una extraña mar en calma sobre la que, como si de un lechoso y espectral muro de humo se tratara, la niebla flotaba impidiéndoles ver más allá de unas pocas brazas.
 
Sin poder visualizar ninguno de los puntos que normalmente  les servían de referencia, avanzaban sin rumbo fijo, asustados, sudorosos, rogándole a Poseidón que los ayudara en medio de aquel nebuloso mundo que los arropaba, volviendo temerosos sus rostros cada vez que algo, que no fuera el incesante ruido que producían los remos al quebrar la superficie del agua, chapoteaba cerca de donde ellos se encontraban…
 
-¿Qué es eso?
 
Alertados, los cuatro remeros detuvieron su bogar mientras que, con sus   asustadas miradas buscaban aquel fatídico punto en las aguas…
 
-¿Qué pasa?- preguntó el timonel- ¿Qué has visto?
 
-Estaba allí…- el chico señaló un inquietante vacío en las aguas- me ha mirado…- gimió aterrado.
 
Algo golpeó en esos momentos uno de los lados de la barca y los seis se aferraron a las tablas...
 
-¡Rápido, remad!
 
Jadeando los remeros al instante obedecieron la orden. Con violencia, apretando sus dientes, hundieron sus remos en las ahora turbias aguas… y comenzaron a remar con todas sus fuerzas. Sin embargo, a pesar de que sus brazos, hombros y espaldas temblaban debido al increíble esfuerzo, no avanzaban.
 
-Entregádmelo…
 
Una extraña voz, sin cualidad ni inflexión, ascendió desde las profundidades marinas mientras las aguas comenzaron a girar. Convulsos, aferraron sus remos hundiéndolos en el interior de aquellas peligrosas aguas que intentaban tragárselos como si estos pudieran de algún modo anclarlos o asegurarlos a la violenta superficie cuyas olas comenzaban a amenazar la frágil estabilidad de la barca…
 
-Entregádmelo y los demás os salvaréis… 
 
-¿Qué…?- gritó el timonel. 
 
Algo pasó rozando el fondo de la barca, zarandeándola, sobrecogiendo los ya ateridos corazones de sus tripulantes, quebrando dos de los remos a la par que las negras y turbulentas aguas se precipitaban en la pequeña embarcación y una poderosa fuerza de succión los arrastraba al interior de un inmenso remolino… 
 
-Entrégame al más joven y el resto os salvaréis.
 
Volvieron a hablar las aguas…
 
 
AUDIENCIA CON POSEIDÓN
 
 
Sus pasos retumbaron atrayendo hacia su persona las miradas de sus compañeros que lo aguardaban frente a las pesadas puertas que conducían a la sala del trono mientras que, todo cuanto quedaba del mermado ejército de marinas de su señor Poseidón, aguardaba en las afueras de palacio.
 
 Meditabundo, cabizbajo, Kalos avanzaba con el semblante demudado, ojeroso y cansado. Los acontecimientos de la última semana habían quedado grabados a fuego no sólo en su semblante, sino también en su alma.
 
Una buena parte del ejército regular de Poseidón había desaparecido  mientras llevaba a cabo labores de vigilancia y, desde hacía dos días  algo, una “bestia”, una oscura amenaza, a lo que ni Kalos ni sus camaradas generales sabían nombrar, acechaba constantemente en las inmediaciones del majestuoso palacio de su señor, devorando literalmente a sus subordinados…
 
Escila y Chusor, se encargaban de custodiar día y noche a Poseidón, mientras que Sorrento y Kalos vigilaban constantemente el palacio y Diomio y Diblos las inmediaciones al mismo por temor a que… aquella bestia, descubriera la entrada al reino de su señor.
 
-Kalos- Escila fijó sus misteriosos ojos grises en los del general- ha vuelto a atacar, ¿no es así?
 
-Así es…
 
-¿Cuántos esta vez?- preguntó Chusor de Hipocampo.
 
A la par que los ojos de Sorrento se hundían en el suelo, un ligero estremecimiento recorrió la columna de Chusor quien, por unos instantes, deseó no haber formulado la pregunta…
 
-Cuarenta…- dijo Kalos- y…- el general enmudeció.
 
-¿Kalos?
 
-Diomio ha desaparecido- concluyó Sorrento, ante el asombro de sus compañeros que no querían dar crédito a lo que estaban oyendo.- Kraken debería haber regresado esta mañana junto a sus hombres para informar… algo ha debido ocurrirles. Diblos ha salido en su busca.
 
Agotado, Kalos masajeó sus sienes y sus ojos con su mano derecha sabiéndose el centro de atención de las miradas de sus compañeros… y a punto estuvo de estallar en una histérica carcajada.
 
 Él, el poderoso y orgulloso general Dragón de los mares, distinguido por el gran Poseidón quien lo había puesto al mando de todos sus ejércitos, era incapaz de detener a la bestia que acechaba a los súbditos de su señor, y mientras él continuaba perdido intentando cazar a aquel monstruo depredador, los ejércitos de su señor mermaban a un ritmo considerable ante sus propias narices…
 
-Pero…- Chusor tragó saliva- Kalos, Diomio se encontraba en… ¿quiere eso decir que esa cosa ha conseguido traspasar la barrera de nuestro señor?
 
-Eso…- primero negó con su cabeza, sin embargo, al instante susurró- eso es lo que me temo.
 
Escila y Chusor se miraron sorprendidos, mientras que Sorrento agachaba su cabeza tan avergonzado como lo estaba Kalos, puesto que él, al igual que el Dragón de los mares, Diblos y Diomio, se había ocupado de vigilar el palacio y sus inmediaciones.
 
 Las primeras marinas desaparecieron en aguas abiertas, en las desoladas  llanuras abisales, mientras recorrerían los increíbles y vastos territorios que conforman el reino submarino de Poseidón.
 
Los cuatro generales se lanzaron entonces junto a sus hombres en persecución de lo que ellos creían debían de constituir la avanzadilla de los ejércitos de Dagón… 
 
No hallaron nada… y sin embargo, sus marinas, sus ejércitos regulares, no dejaban de mermar ante sus ojos. Acosados, desbordados por una desconocida fuerza que no alcanzaba si quiera a vislumbrar tomaron la fatídica decisión de regresar junto a su señor.
 
Rápidamente, fueron retrocediendo... y, aquello que destrozaba y devoraba a sus hombres, avanzó junto a ellos, adentrándose palmo a palmo en los dominios de Poseidón.
 
En esos precisos instantes una de las pesadas hojas de las puertas que conducían a la sala del trono de Poseidón se abrió y Thetis, la sirena, asomó a la misma. Al contemplar los demudados y preocupados rostros de los generales de su señor un fuerte estremecimiento recorrió todo su cuerpo. Era un secreto a voces… hasta sus oídos había llegado la noticia de que “eso” que acechaba a los súbditos de Poseidón había conseguido de algún modo traspasar las defensas del reino submarino. Tragando saliva, la sirena les habló…
 
-Podéis pasar, nuestro señor Poseidón os concede audiencia…
 
 
VERGEL DE KRONOSAURUS
 
 
…era tan sencillo que… de poder sentir algo, suponía sentiría eso que llamaban lastima. La sangre fresca de sus últimas víctimas se deslizaba a través de las comisuras de su boca, su apetito era insaciable.
 
Sonrió. Adoraba el sabor de la carne humana y ahora que había renacido como el más letal de los guerreros de Dagón, sabía, nunca le iba a faltar una presa humana que llevarse a la boca.
 
Rápidamente se tumbó en las finas arenas hundiendo su rostro, agitando sus brazos y piernas mientras filtraba la arena a través de sus escamas y las limpiaba.  Dirigió entonces una gélida mirada hacia el montón de deshechos a los que había reducido a sus dos últimas víctimas y frunció el entrecejo enojado. Esa misma mañana había sorprendido a uno de esos patéticos generales de Poseidón. 
 
Sin embargo,  ese maldito general no sólo se le había escapado sino que además  había conseguido congelar parte de sus escamas… sentía un fuerte y  agudo dolor en su costado, por donde pasó una de sus robustas manos.
 
Pero, no escaparía… sus ojos destellaron a la par que, parte de las escamas que cubrían su cabeza y cuello se levantaban y sentía esa extraña sensación en la base de su nuca. Sus primigenios instintos estaban alerta, sentía que… su presa se hallaba cerca. 
 
Se disponía a lanzarse ya sobre el fondo marino cuando…
 
 
“-Mata a Poseidón…- la voz de su señora Talasa irrumpió en su  cabeza. Rápidamente, llevó sus largos y poderosos dedos a su rostro y acarició con ellos su nariz, su barbilla y el contorno de sus labios… era desconcertante que ella le hablara así.-  destrózalo antes de que intente siquiera acercarse a nuestro señor… mátalo, devóralo, destruye a Poseidón…”
 
 
Relamiéndose los dientes, maldijo desde lo más profundo de su ser el no disponer de tiempo suficiente para acechar a su presa, ahora que finalmente había descubierto el sangriento y letal rastro de muerte que conducía a dónde el general se encontraba… su señora, Talasa, quería la cabeza de Poseidón y él iba a ofrecérsela en bandeja de plata.
 
 
Deslizándose con cuidado sobre el fondo marino, reptó por encima de una gigantesca roca y abrió sus ojos como platos al contemplar el impresionante palacio residencia de Poseidón en Eubea, el hermoso palacio dorado de Ebe que destellaba bajo la increíble luz  que se filtraba a través del límpido y cristalino cielo  turquesa que le prodigaban las azuladas aguas. 
 
Alzó entonces su rostro, apuntando con su nariz hacia el hermoso palio, mientras apartaba de sus ojos la fina membrana que los recubría y su vista se agudizaba al extremo de descubrir los finos hilos dorados de energía que conformaban una especie de tupida red sobre el palacio. 
 
Sus labios se alargaron en una espantosa sonrisa. Sí Poseidón creía que una red lo protegería de él estaba muy, pero que muy equivocado… no había  forma humana, ni divina de detener a la gran bestia marina.
 
 Las oscuras escamas que cubrían su pecho y garganta se agitaron a la par que, desde sus entrañas hacia sus grandes fauces, ascendía aquel espantoso estertor en el que su risa, se había convertido, cuando, de repente, aulló al recibir el tremendo impacto de una gélida corriente…
 
-¡DESTELLO AZUL!
 
Hermosos cristales descendieron sobre el fondo marino a la par que, un poderoso viento glacial inundaba la estancia y las escamas de la armadura del Kraken destellaban envueltas en una lluvia de finos y fulgurantes diamantes…
 
-Maldita bestia…- escupiendo sangre, Diomio de Kraken avanzó algunos pasos dirigiendo una sombría mirada hacia los despojos a los que, aquel ser, había reducido a dos de sus marinas.- Al fin veo el rostro de mi enemigo.  ¿Qué clase de monstruo eres?
 
-No sabes cuánto me alegro de verte general…- sonrió malévolamente, fijando sus fieros ojos en los de Diomio.- Ansiaba hincarte el diente…
 
En un abrir y cerrar de ojos aquel gigantesco ser se abatió sobre él  al igual que había ocurrido cuando se hallaba explorando las inmediaciones de palacio con sus marinas sólo que, en esta ocasión, Diomio, al fin sabía a qué le hacía frente. El general se hizo rápidamente a un lado mientras que el fondo marino se separó en cinco gigantescos y profundos tajos bajo sus pies…
 
-Yo…- jadeando, la rojiza energía de la criatura comenzó a vibrar en torno a sus robustos brazos y piernas.- ¡Yo soy Vergel de Kronosaurus! Y soy el más letal de los guerreros de Dagón.
 
De nuevo, extendiendo sus largas extremidades, a una velocidad endiablada, Vergel saltó sobre el general…
 
-¿Qué clase de bestia eres? Nos atacaste a traición, ¡maldito engendro!- aulló el general a la par que contenía las poderosas garras de Vergel, asiéndolo por sus muñecas, luchando contra él, midiendo sus fuerzas cara a cara con el asesino de Dagón.
 
-Yo soy un depredador- contestó Kronosaurus sonriendo- acecho y mato, no me ando con contemplaciones. Yo sólo acecho, destrozo y devoro…- haciendo estallar violentamente su energía Vergel consiguió zafarse de la presa de Kraken- ahora te mostraré mi verdadero poder general- extendiendo ambos brazos frente a su cuerpo, Vergel los abrió imitando las increíbles fauces de una bestia… sus alargados y afilados dedos, semejaban poderosos colmillos dispuestos a desgarrar a su presa-¡MORDEDURA DE LA BESTIA!
 
 
 
En esos precisos instantes, en la sala del trono del palacio de Ebe…
 
-Señor…
 
Kalos, al igual que sus camaradas, continuaba con su cabeza agachada, atónito ante la reacción de su señor Poseidón que había estallado en una estentórea carcajada cuando le informó de que “eso”, rondaba por las inmediaciones de su palacio. Sin embargo, pronto la energía de Poseidón estalló enviándoles a todos ellos unas poderosas descargas de advertencia…
 
-No puedo creer que…-tomando su tridente, Poseidón se levantó mientras Kalos y sus compañeros tragaban saliva. Avergonzados, hundieron aún más sus cabezas, fijando sus miradas en el suelo- que mis mejores marinas; ¡la élite de mis ejércitos!,- gritó enojado- no sean capaces de detener a… ¿cómo lo habéis llamado?- preguntó sarcásticamente y después apuntó- “eso”, sí… “eso.” 
 
 Cerrando sus ojos, Poseidón se concentró, dejando fluir su energía, inundando de su poderoso dunamis su palacio. Casi al instante,  abrió los ojos y, entre dientes, apuntó…
 
-Cierto, está aquí, luchando contra Diomio… y es muy, muy poderoso… dudo mucho que Diomio pueda con él.
 
Un fuerte estremecimiento recorrió entonces sus cuerpos, de entre los siete, Diomio era uno de los más poderosos. Sonriendo, Poseidón pasó su mirada por cada uno de ellos, escrutándolos, analizando el conjunto de humanas reacciones que en esos momentos se agolpaban y dominaban los corazones de sus generales… iba a decirles algo cuando, de repente, su rostro se oscureció. De suerte que sus generales continuaban con sus cabezas gachas de lo contrario se hubieran percatado de la extraña mueca de asombro que surcaba el rostro de Poseidón.
 
Kalos, al igual que Escila, Sorrento y Chusor, fruncieron el entrecejo. Un ligero temblor había sacudido los pilares del majestuoso palacio de oro de Poseidón… todos se habían percatado de la increíble fuerza destructora que se ocultaba tras aquella sutil sacudida…
 
-Marchad, volved a vuestros puestos.- habló Poseidón casi en un su susurro.
 
 
LA DECISIÓN DE ZEUS
 
 
Todo se desmoronaba a su alrededor… Hades se limitó a agachar su  cabeza ante su decisión. Una mueca de absoluto desprecio y desagrado ante sus palabras, surcaba su rostro.  Atenea lo contemplaba atónita, entre el asombro y la perplejidad, mientras Hera, Afrodita y Deméter, sorprendidas por su decisión se miraban y murmuraban por lo bajo al igual que viejas comadres; Dionisio simplemente observaba divertido las diversas reacciones de sus congéneres. Apolo rápidamente se hizo a un lado junto a su hermana gemela Artemisa; disgustados  guardaban  un silencio airado mientras que Hefestos y Hermes parecían meditar acerca de sus palabras y Ares ardía preso de la rabia y la frustración…
 
-¿Es tú última palabra?- la voz de Hades se alzó entre el intenso murmullo que se había creado tras declarar ante los olímpicos su decisión. El silencio se hizo al instante. Ahora, él acaparaba todas las miradas.- ¿en verdad,  son estas tus últimas palabras?- preguntó de nuevo solemne, a la par que dirigía una rápida y mal disimulada mirada de desprecio a Zeus, cuyos ojos se clavaron en los suyos desafiantes.- ¿Y Poseidón? ¿Te has parado siquiera a pensar en lo que dirá Poseidón?- Hades lo taladraba con su mirada.
 
-Es mi decisión- dijo Zeus- Poseidón si quiera se ha dignado a asistir, ¿por qué debería yo precisamente tener en consideración sus palabras?
 
-No sólo te has precipitado al tomar tu decisión Zeus, sino que has sido muy oportuno al elegir el momento,- apuntó maliciosamente Hades- bien sabes que Poseidón no puede ausentarse en estos momentos de su reino. ¿Tanto le temes Zeus?
 
-¿Qué insinúas Hades?-Zeus expulsó violentamente el aire por su nariz, sin embargo al instante recordó y se contuvo. No iba a caer en el juego de su hermano, no iba a revelar sus temores ante el resto de los olímpicos. Tomando de nuevo aire, calmándose, continuó....-He meditado durante mucho tiempo mi decisión- dijo entonces Zeus ante la atenta mirada de los demás dioses.- de todos los dioses que estamos aquí reunidos y, créeme, teniendo muy en cuenta a Poseidón- apuntó sarcásticamente Zeus mientras recorría con su mirada a los diez dioses allí presentes- es la única que verdaderamente ama a todos los seres que habitan la tierra… 
 
-¿Es ese tu argumento…?- Apolo le interrumpió, adelantándose algunos pasos, situándose al lado de Atenea- que ella ama la tierra… ¿y qué pasa con  nosotros, padre? También somos dioses Zeus, ¿o lo has olvidado? ¿Qué pasará ahora con nosotros? ¿Seguirán los seres humanos ofrendándonos como es debido? 
 
-¿Amor?- intervino entonces Ares procurando serenar su voz,  empleando un tono más bajo de lo habitual en él, haciendo un gran esfuerzo, intentando controlar la poderosísima ira que lo carcomía- ¿Eso crees Zeus? ¡Yo os diré lo que pasará!- estalló entonces enojado, ante el asombro de algunos dioses y la sonrisa maliciosa de Hades- ¡Esos humanos olvidaran a quiénes deben respeto y obediencia! Pronto,- dijo dirigiendo su malhumorada mirada a los ojos de Apolo y posteriormente a los de todos los allí reunidos- pronto quedaremos relegados al olvido. Son viles, traidores… esas patéticas y depravadas  criaturas, necesitan que alguien guie constantemente sus pasos.- apretando sus dientes, hundiendo su mirada en los ojos de Atenea añadió- De todas formas, con amor no conseguirás ni proteger ni conservar la tierra.  ¡Se necesita mano fuerte para controlar a los hombres…!-apostilló ante la aprobación de Hades y la perplejidad del resto-¡Zeus!- gritó levantando apenas unos instantes su mirada de los ojos de Atenea para enfrentar los de su padre- ¡si le cedes la tierra a Atenea, los hombres olvidaran que nos deben respeto y obediencia!
 
De nuevo todos comenzaron a hablar y murmurar… Zeus cerró los ojos y suspiró. Tras meditar por unos instantes sus palabras, finalmente habló…
 
-En efecto, todos somos dioses...  y continuaremos siendo dioses. El hecho de que Atenea se encargue de la protección de la tierra no quiere decir que el resto de los dioses dejemos de ser venerados por los humanos.
 
-Pero le entregas el reino de la tierra a ella- apostilló Ares sin apartar siquiera por un instante su mirada de los ojos de Atenea- ¿Tan ciego estás Zeus que no ves que ella no será capaz de controlar a los humanos, mucho menos de protegerlos? Deberías entregar la tierra al más fuerte de nosotros…
 
-¡Puedo proteger a todos los seres que habitan la tierra!- dijo Atenea alzando por vez primera su voz desde que había comenzado la reunión a la par que sus ojos destellaban hundiéndose en los oscuros y tenebrosos ojos de Ares, manteniendo el invisible pulso de poderes que este había creado con ella a través de su miradas.
 
-El que hayas salido por el momento airosa de unos cuantos escarceos contra Poseidón no quiere decir ni mucho menos que tengas el poder suficiente para proteger la tierra…- apostilló Hades, dándole la razón a Ares- ¡Zeus!, sabes cuáles serán las consecuencias, sabes lo que esto supondrá…
 
-¡Basta!- gritó Zeus levantando su mano asimilando la velada amenaza dirigida hacia Atenea tras las últimas palabras de su hermano, rompiendo el pique de miradas que Ares y Atenea se traían entre manos. 
 
-Llevo siglos defendiendo la tierra contra la codicia de Poseidón…- Atenea se  adelantó entonces encarando a Hades, tampoco a ella le había pasado por alto la insania que ocultaban las palabras de su tío.- e igualmente puedo defenderla de otras tantas amenazas.- volvió su rostro hacia Ares.
 
-¡Atenea!- preso de la rabia, la energía de Ares comenzó a emitir unas fuertes descargas rojizas a la vez que este estallaba en una sonora carcajada- lo único que has hecho ha sido contener las pataletas de Poseidón,  ¡si quiera te ha mostrado su verdadero poder! Y a punto has estado de sucumbir en más de una ocasión…
 
-¡Basta!- aulló Zeus, consciente de que Ares estallaría de un momento a otro- ¡silencio!- gritó.
 
Sin embargo, la furiosa energía de Ares no hacía sino aumentar llegando al punto de comenzar a resquebrajar la blanca losa del suelo.
 
-¡Ares!- aulló Zeus levantándose de repente rodeado por toda la potencia de su energía, mientras sobre su palma derecha comenzaban a destellar las primeras descargas de su potente rayo. Atenea retrocedió hasta su sillón, mientras que Ares apretaba sus dientes intentando controlar en parte la furia y la rabia que lo carcomía.- ¡Silencio, he dicho!
 
Un silencio sepulcral envolvió la sala. Hades aferró del brazo de Ares, indicándole que tomara asiento y se tranquilizara. Mientras tanto expectantes, el resto aguardaban.
 
Aferrando el poderoso rayo en su mano derecha, Zeus recorrió  con su mirada los desafiantes e iracundos rostros de algunos de ellos, así como los expectantes y atónitos semblantes de otros…
 
-Yo… soy el rey de los dioses.- sentenció con aire solemne- me debéis obediencia ¡Todos!- gritó- ¡sin excepción!- apostilló.- A partir de este momento, Atenea se hará cargo de la tierra-sus ojos se clavaron en Hades quien sostuvo su mirada desafiante y posteriormente en Ares- y…, ahora, marchaos, necesito pensar…
 
En silencio, todos se levantaron y lentamente avanzaron hacia la salida.
 
 
EL GUERRERO DE LA LANZA
 
 
Rápidamente, Diomio concentró toda su energía… levantando sus manos frente a su cuerpo creó ante sí un gigantesco muro de sólido hielo, sin embargo, este se resquebrajó bajo la increíble potencia de la mordedura de la bestia, del letal Kronosaurus…
 
Jadeando, Kraken retrocedió mientras que, con su mirada seguía los rápidos y precisos movimientos del poderoso guerrero de Dagón que de nuevo se lanzaba sobre él…
 
-¡FUERZA PRIMIGENIA!- aulló Vergel cuando, tras propinar un gigantesco salto, cayó justo delante del general en cuyo cuerpo hundió sus poderosos puños.
 
Tras el tremendo impacto, las escamas del Kraken se deshicieron a la par que el cuerpo de Diomio salía despedido hacia atrás, momento que Kronosaurus aprovechó para lanzar de nuevo su mordedura sobre el cuerpo del general. 
 
Atrapado su torso entre las poderosas garras de la letal bestia, Diomio gritó atenazado por el dolor e intentó desesperadamente golpear con sus puños y toda la fuerza y potencia que fue capaz de reunir  los hombros y brazos de Vergel, pero este lo lanzó al aire, contra la superficie del mar invocando una vez más la prodigiosa fuerza primigenia imbuida en las escamas del Kronosaurus, aturdiéndolo por completo.
 
Los ojos de la bestia destellaron entonces presos de ansía de sangre y de oscuro frenesí. Tomando impulso, Vergel extendió sus robustas extremidades mientras sus escamas rápidamente se adaptaban a las diferentes tonalidades de las aguas,  lanzándose sobre la inconsciente figura del general, recorriendo en apenas unos segundos la distancia que lo separaba de su víctima abriendo ahora sí sus fauces dispuesto a saborear la trémula carne del general…
 
Cuando… un violento y fugaz destello lo sorprendió en el momento en el que iba a morder el cuerpo del inconsciente Diomio de Kraken.
Las poderosas escamas de Dagón se abrieron en un fino tajo sobre su pecho… Vergel aulló rabioso, no tanto por el dolor sino por haber perdido la oportunidad de saborear la carne del general…
 
-¿Quién demonios eres?- gritó- ¿Cómo es que te has atrevido a interponerte en mi camino cuando iba a degustar mi presa?
 
Sosteniendo el cuerpo de Diomio de Kraken sobre su hombro, Diblos de Crisaor se posó en el suelo sin dejar de apuntar con su lanza al bestial Kronosaurus.
 
-¿Así sois los hijos de Dagón?- inquirió depositando el cuerpo inconsciente de su compañero en el suelo- ¿Bestias asesinas?
 
-No…- contestó Vergel- así sólo soy yo, el más letal de sus hijos. ¡Vergel de Kronosaurus!
 
Rápidamente, Vergel se abalanzó sobre Diblos quien comenzó a lanzar  varias estocadas al aire que Kronosaurus fue esquivando… cuando ya se hallaba sobre el general, Vergel concentró aún más su energía, hundiendo su puño en el torso de Crisaor, sorprendiéndolo…
 
-Bravo- dijo este último frunciendo su entrecejo ante la letal bestia- nunca antes alguien había conseguido siquiera acercarse lo suficiente a mí y mucho menos, había conseguido golpearme.
 
-No me voy a limitar sólo a golpearte- mostrándole sus afilados dientes, Vergel le dejó bien claras cuáles eran sus intenciones- me voy a alimentar con tu carne…
 
 
NOMMO, MISTERIOSO E INQUIETANTE
 
 
Nada más salir de la audiencia con su señor, descubrieron a Nommo de Lyumnades que… en esos momentos aguardaba frente a las pesadas puertas.
 
-Nommo- Kalos fijó sus ojos en el misterioso general. Como siempre llevaba su casco puesto y este, le ocultaba la mirada bajo una inquietante sombra- ¿Dónde has…?
 
-Nuestro señor Poseidón me envió a investigar.- atajó rápidamente, mirando de soslayo a sus compañeros, torciendo el gesto al contemplar sus demudados rostros.
 
Sobraban las explicaciones. Cuando marchó, cuatro días atrás, sintió aquella tenebrosa presencia en las aguas; aunque, hacía cuatro días, no se hallaba tan cerca del palacio de su señor. Por aquel entonces, comenzaron a desaparecer las primeras marinas.
 
Nommo, desvió un poco su mirada. Él conocía bien la primigenia fuerza que se hallaba tras esas desapariciones. Al contrario que sus compañeros que eran incapaces de sentir su presencia hasta que esta no se desatara, él sí podía… y, ahora el temblor… ese que, apenas hacía unos instantes, sutilmente se había propagado al igual que una pequeña ola  a través del majestuoso palacio de su señor… del inamovible e inalterable, palacio de Ebe…
 
-Nommo, ahora que estás aquí, marcho más tranquilo.- dijo entonces Kalos.
 
-¿Cómo? ¿A dónde vas Kalos?- preguntó Chusor de Hipocampo.
 
-Poseidón dijo que dudaba mucho que Diomio pudiera contenerlo.- sus labios se torcieron entonces en una gélida sonrisa.- Voy a por él, voy a destrozarlo.- dijo marchando sin embargo, Nommo le sujetó del brazo.
 
-Aguarda Kalos.- los inquietantes ojos del general de Lyumnades destellaron fijándose por vez primera en los de Kalos. El Dragón de los mares se vio reflejado en aquellos misteriosos ojos y no le gustó nada lo que en ellos vio… un ligero estremecimiento recorrió su columna.
 
“No puedes hacer nada por ellos, ya es demasiado tarde. No salgas al encuentro de la muerte pues ella viene en tu busca…”
 
-¿Qué…?- agitando su cabeza, Kalos apartó su mirada de aquellos profundos ojos.
 
-Hoy es el día…- sentenció dirigiendo su mirada a cada uno de sus compañeros a los que tampoco gustó lo que esos ojos reflejaban.-De un momento a otro Dagón despertará y vendrá a enfrentar a nuestro señor. ¿Lo habéis sentido, no es así? Mi…,- Nommo sacudió su cabeza, a punto estuvo de confesarles a sus compañeros aquello que sólo Poseidón sabía y trago saliva- es demasiado tarde. Lo único que podemos hacer ahora es aguardar aquí y proteger a Poseidón. Cuando Dagón aparezca… no habrá forma de contenerlo, lo destruirá todo… por qué… eso es lo que hará. Y, ahora, si me disculpáis, debo informar a Poseidón.
 
Inclinando su cabeza Nommo posó su mano sobre una de las pesadas hojas. Al instante, la puerta se abrió. Hasta ellos llegaron las poderosas emanaciones del cosmos de su señor. Sin más preámbulos, Nommo se adentró en el interior de la sala dejando tras de sí a sus cuatro compañeros estupefactos y sorprendidos.
 
Nommo, misterioso y poderoso, inquietante general al que… Poseidón había criado como a un hijo y por el que sentía un gran afecto.
 
 
EL RESURGIR DE DAGÓN
 
 
Los oscuros ojos de Talasa destellaron mientras sostenía entre sus brazos el cuerpo de Calipso. La muchacha, atada y amordazada, luchaba en vano por liberarse… habían esperado mucho, demasiado. Por culpa de la anciana, habían desesperado durante un mes más para despertar a Dagón.
 
Durante todo ese tiempo Talasa había temido un ataque de Poseidón. Es por eso que habló con él… con el más letal de los guerreros de Dagón, Vergel,  aquel cuyas divinas escamas había vestido al primero de los hijos de Dagón, el gigantesco Kronosaurus.
 
Al igual que sucediera aquella noche, hacía ya dos meses en las que despertaron los guerreros de Dagón, los plateados y misteriosos  reflejos de una inmensa e imposible luna llena titilaban sobre el afilado y escarpado contorno del acantilado, mientras los hijos de Dagón aguardaban la señal de su señora en la playa.
 
Hasta sus oídos llegaron entonces los llantos y ahogados gemidos de los cien jóvenes que, durante los últimos días, Caribdis y Megalodonte habían secuestrado en las costas circundantes, mientras navegaban junto a sus compañeros, para ofrecer en sacrifico a su señor Dagón.
Los oscuros e insondables ojos de Talasa se hundieron entonces en los asustados orbes de Calipso.
 
-Deberías estar feliz,- habló sin mostrar inflexión alguna o sentimiento en su voz- eres la elegida de Dagón. Naciste para esto,  tu vida le pertenece.- con los ojos anegados de lágrimas, la muchacha gimoteaba y negaba con la cabeza- Esa maldita anciana debería haberte preparado para esta noche. Deberías ser tú quien caminara hasta el borde del precipicio… deberías ser tú quien se sacrificara voluntariamente a nuestro señor.- Los ojos de Talasa destellaron y la muchacha creyó ver en ellos un atisbo de humanidad.- ¿No lo entiendes verdad? Formarás parte de Dagón, al igual que estas criaturas insignificantes que hoy te acompañaran- volvió unos instantes su rostro y contempló a los asustados muchachos.- Vuestra vida es el insignificante precio que debéis pagar para resurgir como una de las más poderosas y prodigiosas fuerzas de la creación, para ser uno con el inconmensurable poder primordial del dios de las aguas abismales y oscuras, el todopoderoso Océano Tenebroso, el gran Dagón. Pero, también necesita algo de su propia sangre y, ahí es donde entras tú- concluyó fijando de nuevo sus ojos en los de Calipso.
 
 Talasa volvió entonces su mirada hacia Caribdis y está asintió con su cabeza. Llevándose la hermosa concha a los labios, sopló en ella con todas sus fuerzas… algo se agitó en las profundidades marinas. Los hijos de Dagón sonrieron.
 
 
“Se encontraba sumergido en un mundo de absolutas tinieblas, pero nunca estuvo sólo. Para que pudiera sobrevivir, su poderosísima madre encerró con él parte de su divina esencia… esa que hoy, él le devolvería, completándola de nuevo… Hasta sus oídos, traspasando todas las barreras, sacudiendo las oscuras y nebulosas tinieblas… llegó aquel místico sonido…
 
…ese que semejaba el largo y profundo quejido del viento, su incesante ulular sobre la rizada superficie de las oscuras y primigenias aguas de las que él era señor. Su llamada, lo envolvía. Dagón sonrió.
 
Sus aletargados miembros comenzaron a despertarse… abrió los ojos y respondió a la llamada de sus hijos. Un ligero pulso, poderoso y contenido.
 
Envió su energía a través del fondo marino… una sutil descarga que sus hijos reconocieron… una sutil descarga que… también dirigió a él…
Madre, cuya esencia siempre estuvo a su lado, le habló de él, del impostor y de lo que quería que hiciera con él una vez despertara…”
 
 
CUANDO TODO PARECE PERDIDO
 
 
Jadeando, intentando recuperar el aliento,  Crisaor se arrodilló junto al cuerpo de Diomio de Kraken cuando algo pasó bajo sus pies provocando una ligera ondulación en el fondo marino, sorprendiéndolo.
 
-¡Mi señor!- rugió Vergel- al fin mi señor.- su energía estalló violentamente, alimentada por aquella misteriosa fuerza que se propagaba sutilmente.  
 
Diblos tragó saliva… él también había sentido la letal y poderosísima fuerza oculta tras aquel ligero temblor. 
 
“No nos queda tiempo”, pensó a la par que se levantaba para encarar de nuevo a Kronosaurus.
 
 La noche había tendido su negro manto sobre el océano añadiendo su particular matiz tenebroso en aquellas oscuras aguas. Atónito, Diblos descubrió que, la bestia, había desaparecido.
 
“Ahora lo entiendo”, se dijo así mismo Diblos de Crisaor, “por eso no conseguíamos dar con él. Esa maldita armadura le permite confundirse, mimetizarse completamente con su entorno…” los ojos de Crisaor no dejaban de buscar incansablemente cualquier indicio que pudiera delatar la posición de la espantosa bestia mientras su poderosa energía destellaba iluminando en parte el siniestro manto de oscuridad que se cernía sobre él y su moribundo compañero.
 
Así es como acechaba y atacaba. “Puede estar en cualquier sitio, podría incluso haberse marchado.”, pensó Diblos a la vez que un frío sudor recorría su columna vertebral, cuando… de repente…
 
-¡MORDEDURA DE LA BESTIA!
 
Diblos gritó cuando los dedos de Kronosaurus primero se hundieron en su torso y posteriormente lo desgarraron… su armadura se quebró ante la increíble presión que ejercían las poderosas manos de Vergel deslizándose, desgarrándole…
 
Con fuerza, apretando los dientes, Diblos aferró su lanza…
 
-¡LANZA CENTELLEANTE!- gritó lanzando violentas estocadas frente a su cuerpo creando ante sí una corriente de aire cortante, liberándose de la letal mordedura.
 
Sus piernas flaquearon por unos instantes, pensó que iba a desfallecer entonces… el aire zumbó a su espalda. Apretando los dientes,  Diblos rodó sobre su cuerpo dejando tras de sí un macabro reguero de sangre…
 
-¡Maldito seas!- aferrándose el costado donde la bestia había hundido sus fauces, Diblos volvió a rodar por los suelos, levantándose inmediatamente después para lanzar de nuevo su lanza sobre el gigantesco Kronosaurus, que no dejaba de avanzar hacia él a una velocidad endiablada, desapareciendo y apareciendo ante sus ojos…
 
-No puedes nada contra mí- aulló Vergel- al fin voy a devorar la carne de uno de los generales de Poseidón.
 
-¡Ni creas que me has vencido!
 
En ese preciso instante unos poderosos golpes se hundieron en su torso… Diblos cayó rondando al suelo, su lanza salió despedida por los aires, hasta caer justo en frente del moribundo Diomio de Kraken.
 
-Creo que acabo de vencerte, general…
 
Aturdido, apretando los dientes, Diblos intentó levantarse cuando las poderosas garras de Kronosaurus le aferraron por el cuello. El guerrero de Dagón dejó caer todo su peso sobre el cuerpo del general,  hundiéndolo en el suelo, donde se estremeció y pataleó mientras que, concentrando su energía, trataba por todos los medios de destrozar los robustos antebrazos de la bestia hundiendo en ellos sus desesperados dedos…
 
Sonriendo, con los ojos inyectados en sangre al contemplar los agónicos esfuerzos del general, Vergel apretó con mucha más fuerza a la par que comenzaba a golpear la cabeza de Diblos contra el suelo, preso del primigenio frenesí que corría por sus venas alentado por la poderosa energía de Dagón que sentía cada vez más y más cerca, mientras que la vista del general se nublaba completamente y sus dedos se aflojaban en las sangrantes hendiduras que, angustiosamente, había conseguido practicar sobre las escamas y antebrazos de la bestia totalmente inmune al dolor…
 
-¡Muere… muere!- gritó Vergel cuando…
 
La bestia lanzó un violento gruñido a la par que salía despedido de encima del cuerpo del general de Crisaor atravesado por la lanza de este…
 
-Mal… maldita bestia.
 
 
 
En esos precisos instantes, en el palacio de Ebe…
 
 
La robusta y pesada puerta se cerró tras él. Con paso firme, decidido, Nommo avanzó hasta situarse justo en frente de Poseidón. Su señor, vistiendo su sagrada armadura, aún de pie, aguardaba concentrado en el centro de la sala…
 
-Nommo- dijo Poseidón en el momento que su general hincó la rodilla, postrándose ante él-¿Sigues pensando que debí destruir a Dagón cuando tuve la oportunidad de hacerlo?
 
-Os lo dije en su momento y sí, sigo manteniéndolo- levantó su mirada y fijó sus inquietantes ojos en los de Poseidón,  sólo él tenía el privilegio de poder mirar directamente a los ojos de su señor.- De todas formas, ahora es tarde… Dagón despertará como deseabais. 
 
-¿Quién soy, Nommo?- inquirió entonces Poseidón escrutando la mirada de su general mientras su poderosa energía inundaba la estancia, erizando los largos cabellos de Nommo de Lyumnades que, seriamente contestó.
 
-Poseidón mi señor, grande y poderoso, único dios y señor de los océanos, mares y ríos.
 
-¿Quién es entonces Dagón?- una ligera sonrisa asomó a sus labios.
 
-Dagón es una reliquia de un mundo extinto y olvidado…- sus inquietantes ojos se oscurecieron- es una violenta fuerza primigenia, tenebrosa, primordial…
 
-¿Nommo, es acaso más poderoso que yo?- preguntó sin dejar de contemplar los misteriosos ojos de su general.
 
-No…- el general tragó saliva- no lo sé mi señor…-sacudió su cabeza y bajó entonces su mirada, mientras Poseidón aferraba con fuerza su tridente, temiendo un ataque de cólera de su señor.
 
-Agradezco tu sinceridad, Nommo.- dijo entonces Poseidón y este suspiró aliviado.- ¿Qué es lo que has averiguado?
 
-Teníais razón al sospechar que alguien se hallaba tras el levantamiento de… los hijos de Dagón.
 
 
 
 
“Apenas sí consiguió abrir un poco sus ojos. Todo estaba envuelto en tinieblas. Ya no sentía nada.  Sin embargo… a escasos centímetros de donde él se hallaba tirado completamente destrozado algo titiló llamando su atención. Un destello dorado. “¿Qué…?”, pero se sentía sin fuerzas…
 
Creyó que estaba soñando. Sonrió dejándose llevar cuando, aquello que se encontraba frente a él volvió a destellar, llamando de alguna forma su atención. Sintió que debía hacer algo, aunque no sabía exactamente qué…
 
Realizando un gran esfuerzo extendió una de sus manos hacia aquel objeto dorado. Un fuerte estremecimiento recorrió entonces su cuerpo… el dolor, el intenso dolor de hacía apenas unos instantes, volvía a recorrer sus agonizantes miembros y, al instante despertó… 
 
  Apretando sus dientes, consiguió avanzar apenas unos centímetros hasta que la punta de sus dedos rozó el frío metal y al instante supo qué era lo que lo llamaba. Su corazón comenzó a latir con fuerza, martilleándole en las sienes, la magnífica lanza de Diblos, la poderosa lanza de su compañero, lo llamaba.
 
Hasta sus oídos llegaron entonces los agónicos estertores de su compañero… y sus ojos destellaron de rabia. Una violenta descarga de energía sacudió entonces todo su cuerpo…
 
Aferrando la lanza de Diblos, Diomio se levantó ayudándose con la misma.”
 
…y allí estaba, sobre Crisaor, la bestia, el Kronosaurus… 
 
Reuniendo toda la energía que aún le quedaba, Diomio apuntó al espantoso ser y… la lanza de Diblos destelló violentamente, hundiéndose en el flanco de la bestia.
 
 
DAGÓN, OCÉANO TENEBROSO
 
 
Gracias a su colosal fuerza, Talasa izó el cuerpo de Calipso por encima de su cabeza, como si de una muñeca de trapo se tratara. Los hijos de Dagón acompañaron con el sonido producido al soplar  cientos de caracolas y el primitivo golpear de los tambores los pasos de Talasa quien fue avanzando sosteniendo a la muchacha por encima de su cabeza hasta el borde del precipicio... por segunda vez, el sonido de la caracola de Caribdis se alzó alto y claro sobre el de toda la fanfarria y algarabía del pueblo… 
 
Respondiendo al reclamo de los hijos de Dagón,  los aullidos y la fuerza del viento aumentaron en violencia, al igual que el místico y envolvente sonido producido por la poderosa batiente de las gigantescas olas mientras estas comenzaban a romper salvajemente contra las descarnadas piedras del acantilado levantando un mar de espumas primordiales cuyas aguas giraban en un desenfrenado torbellino…
 
-¡Dagón!- aulló Talasa en dirección a aquel oscuro torbellino de espuma del que surgió un violento rugido…- ¡Mi señor!- un fuerte temblor sacudió el acantilado. La diosa sonrió, su señor la llamaba… avanzó entonces un paso más…
 
Abajo, en el acantilado, las inquietantes aguas comenzaron a burbujear animadas por una poderosa y primigenia fuerza. Sosteniendo el cuerpo de la muchacha sobre su cabeza, Talasa volvió sus profundos ojos hacia  Megalodonte quien comenzó a arrojar a los muchachos al agua desde el borde del precipicio…
 
Calipso pataleaba en vano mientras a sus oídos llegaban los continuos  gritos de los muchachos así como el terrible sonido que producían sus cuerpos despeñándose contra las afiladas rocas… 
 
…y estos eran los más afortunados, pues lo que caían en el centro de aquella burbujeante agua si quiera tenían tiempo de volver a la superficie cuando… algo en las turbulentas aguas los devorada otorgándoles a las mismas un hermoso e inquietante tinte rojizo a la espectral luz de la luna.
 
-Adiós Calipso- murmuró Talasa una vez Megalodonte hubo lanzado al último muchacho- al fin, Dagón… mi señor.
 
Desde el borde del acantilado, Talasa lanzó el cuerpo de Calipso al interior de aquel sanguinolento torbellino de aguas primigenias…
 
Todo cesó de repente…
 
Las aguas se calmaron. El viento decayó, al igual que toda la fanfarria provocada por las caracolas y tambores… dulcemente, las olas comenzaron a lamer el borde de las afiladas rocas mientras que el gigantesco reflejo de la pálida y espectral luna llena, rielaba mecido por el ahora, de nuevo delicado y rojizo vaivén del mar…
 
Enmudecidos los descendientes de Dagón se miraron los unos a los otros. Caribdis tragó saliva… Talasa sonreía…
 
-¡Al mar!- gritó Talasa- ¡hijos de Dagón, acudid a la llamada de nuestro señor! 
 
El mar rugió… olas gigantescas se alzaron, avanzando rápida y vertiginosamente contra la tierra, mientras las aguas se oscurecían por completo y la primigenia energía de Dagón estallaba en rabiosas ondas que se propagaron por todo el fondo del mar...
 
 
 
 
Rugiendo, aullando a causa del dolor, Vergel aferró con sus poderosos brazos la lanza de Crisaor con la que Diomio había traspasado su costado. La bestia la arrancó y la lanzó a un lado mientras su sangre brotaba a grandes chorros de la herida abierta.
 
Sosteniéndose a duras penas sobre sus piernas, los ojos de Diomio de Kraken refulgieron de rabia e ira contenida… tosiendo, Diblos intentaba ponerse en pie resbalando sobre su propia sangre…
 
-Arriba Diblos- le alentó Diomio sin apartar siquiera un instante sus ojos de Vergel de Kronosaurus.
 
-Voy a disfrutar mucho alimentándome con vuestras carnes- Vergel pasó el reverso de su mano por las comisuras de su boca, limpiándose la sangre.- ¡Os voy a destrozar! ¡FUERZA PRIMIGENIA!
 
Diomio cerró sus ojos a la par que alzaba los brazos frente a su cuerpo… la temperatura descendió en picado mientras finos cristales de hielo se posaban sobre el fondo marino cristalizándolo por completo y las escamas del Kraken volvían a destellar iluminadas por miles de diamantes…
 
A escasos pasos, Diblos al fin conseguía levantarse, concentrando su energía al igual que su compañero, mientras el poderoso Kronosaurus avanzaba hacia Diomio a una velocidad endiablada…
 
La energía de Crisaor inundó la estancia, fundiéndose con los hermosos cristales que… frente a Diomio, ascendían en delicadas columnas de muerte animadas por un poderoso viento glacial…
 
Vergel sonrió, avanzando velozmente entre aquellas columnas de cristales, rodeado por toda la potencia de su poderosa energía densa y oscura… los ojos de Crisaor destellaron, abrió su mano derecha y su lanza acudió a su mano…
 
…Kronosaurus avanzó los últimos metros que lo separaban de Diomio, extendiendo sus robustos y terribles brazos en dirección al general que seguía concentrado.
 
-¡AURORA BOREAL!- gritó entonces Diomio, sorprendiendo a Vergel cuando este iba a asestarle el golpe final, recibiendo de lleno el terrible golpe del general Diomio de Kraken a la par que Diblos apuntaba al corazón de la bestia hundiendo en él su lanza…
 
-Al fin…
 
Ambos cayeron de rodillas al suelo. Cansados, malheridos se miraron a los ojos. Cerca de ellos y tras sufrir unos fuertes espasmos, finalmente los sanguinolentos ojos de la bestia se cerraron. Entonces… algo resonó en la distancia… atónitos, Diomio y Diblos volvieron sus miradas al momento que una poderosa onda de oscura y primitiva energía avanzaba en dirección a ellos golpeándolos, barriéndolos literalmente, arrastrando sus destrozados cuerpos por el fondo marino en su poderoso e inexorable avance… 
 
 
 
Nommo abrió sus ojos de golpe. 
 
-Ya viene, señor- sus misteriosos ojos se oscurecieron por completo.- Mi padre… Dagón, ya viene.
 
Sonriendo, Poseidón aferró su tridente… avanzó algunos pasos encarando las pesadas hojas de la gruesa y robusta puerta… los increíbles e indestructibles pilares del palacio dorado comenzaron a vibrar mientras la poderosa energía de Poseidón crecía en torno suyo...
 
 
 
 
De repente, el pulso se les aceleró… Kalos, Escila, Chusor y Sorrento, sintieron estallar la increíble energía de Poseidón. Su señor se preparaba para la lucha, y justo en frente de ellos…unas violentas ondas, unas increíbles descargas lo arrasaban todo a su paso mientras que, una presencia oscura, una presencia divina avanzaba inexorablemente en dirección a Poseidón destruyéndolo todo... incluso el prodigioso palacio de Ebe que comenzó a temblar sobre sus cimientos.
 
 
 
Desde la cúpula más alta del palacio celestial, Zeus oteaba de nuevo la distancia, mientras aferraba el rayo en su mano derecha. Una luna llena mágica, espectral… una imposible invención, sin duda alguna de una voluntad muy superior, coronaba la más oscura de las noches que… en su larga existencia como señor del reino de los cielos, su ser hubiera contemplado.
 
 Tragó saliva posando ahora su mirada sobre la tierra. Sus ojos traspasaron las densas nubes hasta posarse sobre el sanguinolento reflejo de la luna que, salvajemente, mecían las olas…
 
“Poseidón”, se dijo así mismo, “no tenías que demostrarme nada… y ahora… aquí estás, Dagón... poderoso Océano Tenebroso.”
 
 
DAGÓN, LA LEYENDA DEL EMPERADOR DE LOS OCÉANOS
 
Quince años antes…
 
 
De Ella se decía que estaba incompleta y sin embargo, su acallada presencia irradiaba un vasto e inconmensurable poder, oscuro e insondable. Por eso,  él sonrió, ¿acaso podría un ser incompleto erizarle la piel a un dios? Por qué, eso era precisamente lo que en esos momentos sentía, que cada centímetro de su piel se hallaba al borde del colapso.
 
Alzó entonces su mirada. Lentamente aquella extraña amalgama nebulosa se fue arracimando conformando una frágil figura humana, pálida y espectral sobre cuyos hombros descendió en cascada el negro manto de la noche, mientras las pequeñas estrellas titilaban adornándola y la luna brillaba plena y llena alumbrando el espacio con un continuo deambular de claros y sombras… dos luces destellaron entonces en su rostro y sus ojos intentaron fijarse en ellos…
 
Era la primera vez que la contemplaba y debía admitir, le había costado sostener su oscura mirada, tanto que ahora comprendía el temor reverencial que todos le tenían.
 
 Es por eso que instintivamente permanecía algo separado de sus dos lugartenientes cuando lo habitual era que se situara varios pasos frente a ellos.
 
Ellos no la temían… pues eran sus hijos.
 
De todas formas, volvió a intentarlo. Él no permitía que nadie que no fuera su igual lo mirara a los ojos… es por eso que debía mirarla, debía hundir sus ojos en aquellos profundos orbes y soportar su mirada. Sin embargo, a pesar de ser un dios, sus ojos eran incapaces de penetrar en el denso y negro manto que la envolvía. Sus otros sentidos de igual forma, se hallaban aletargados, adormecidos… tenía la sensación de hallarse flotando en un  mundo completamente ajeno a todo cuanto había conocido y, esa sensación,  le desagradaba sobremanera pues se sabía vulnerable.
 
-¿Qué me decís?- sus palabras reverberaron en el interior de su cabeza. Ella en muy raras ocasiones, empleaba su voz.- ¿Aceptáis lo que os propongo?
 
-Debo admitir que vuestra oferta es muy tentadora sin embargo, corro un gran riesgo al hacer lo que pedís…- armándose de valor, consiguió que una ligera y rígida sonrisa asomara a sus labios, por lo poco que de su verdadera naturaleza dejaba traslucir, intuía debía poseer un poder parecido, sino superior al del mismísimo Zeus.- ¿en verdad creéis que podéis hacer desaparecer al rey de los dioses? Zeus no es ningún alfeñique al que se pueda fácilmente manipular…
 
-Tampoco lo sois vos
En medio de la nebulosa oscuridad que la rodeaba alcanzó a vislumbrar lo que parecía ser una delicada mano abriéndose paso entre todos aquellos caóticos jirones que la rodeaban.
 
De repente una ligera brisa se deslizó entre sus lugartenientes. Ambos volvieron horrorizados sus rostros hacia el suyo, pero ya era tarde…
 
 Su mano. ¿Cómo es que había llegado hasta allí su mano?  Algo rozó su rostro y él abrió sus ojos como platos a la vez que su aliento se congelaba en sus pulmones. Un fuerte estremecimiento recorrió todo su cuerpo y a punto estuvo de flaquear y caer postrado al suelo de no haber sido por qué, sus lugartenientes se adelantaron y  entre ambos contuvieron su caída. 
 
Sus ojos estallaron entonces iracundos. ¿Cómo se había atrevido? Violentamente, se rodeó de toda la potencia de su energía, mientras las miradas de sus hijos, de sus lugartenientes, saltaban del uno al otro, confusos…
 
-Será mejor- la voz de Ella volvió a reverberar en el interior de su cabeza- que mantengamos la calma… no correréis ningún riesgo puesto que yo me encargaré de entretener a Zeus el tiempo que haga falta… a excepción claro está de que seáis incapaz de cumplir con vuestra parte del trato.
 
-Acaso, ¿dudáis de mí?- sorprendido, tragó saliva… su voz abandonó sus labios convertida en un ligero susurro.
 
-No, señor, no dudo de vos…
 
-Sin embargo,-algo más calmado, sus ojos destellaron maliciosamente-  aún quedan otros dioses igualmente poderosos que… en un momento dado, podrían inclinar el peso de la balanza a su favor.
 
-Esos dioses de los que habláis, al igual que Zeus, no son más que simples escollos, diminutos guijarros que… una vez esté completa apartaré de mi camino.
 
-Disculpad señora pero… algunos de esos “escollos” como los llamáis, son muy poderosos.
 
-¿Lo decís acaso por Poseidón?- inquirió empleando por vez primera su verdadera voz... y fue espantoso, horrible oírla hablar.
 
-¿De qué os extrañáis?- preguntó con voz entrecortada- Poseidón es casi tan poderoso como Zeus. Es cierto que no suelen llevarse muy bien; sin embargo, en más de una ocasión han olvidado sus diferencias y unido sus fuerzas en pos de un bien común.
 
-Comprendo…- dijo a la par que dejaba entrever parte de su pálido rostro dirigiéndole una astuta sonrisa.- serviría mejor a vuestros fines que Poseidón no intentara hacerse con el control de la tierra una vez Zeus desapareciera.
 
-No voy a negarlo…- sonrió rígidamente.
 
-No os preocupéis por Poseidón. Sé quién puede encargarse de él… y de paso, recupero algo que me pertenece.
 
-¿Quién?- preguntó intrigado.
 
-Mi hijo… Dagón.
 
 
OCÉANO TENEBROSO
 
-¡Kaaalooos!
 
Lanzando sus puños contra los fragmentos que se precipitaban al suelo, Chusor y Sorrento trataban por todos los medios de evitar quedar sepultados.
 
El techo del palacio se estremeció al igual que las cientos de magníficas columnas que jalonaban los pasillos que conducían a las diferentes dependencias del mismo. Los hermosos murales estallaron dejando al descubierto un inmenso socavón a través del cual, los cuatro, lo vieron llegar…
 
Durante unos segundos, Escila fijó sus pupilas en la poderosa presencia que se cernía sobre ellos. El cuerpo de Dagón destellaba en el interior de su mística y primitiva energía mientras las límpidas aguas se espesaban al contacto de su magnífico dunamis, oscureciéndose, adquiriendo  una extraña cualidad casi oleaginosa que las enturbiaba al instante, mientras que; magníficas e impresionantes, las escamas de su prodigiosa armadura irradiaban un enceguecedor brillo plateado que contrastaba con la insondable oscuridad que reinaba tras el primigenio dios de los océanos…
 
 
 Incapaz de apartar su mirada de la imponente figura de Dagón, Kalos contemplaba las poderosas descargas plateadas que rodeaban al iracundo dios que barrían, destruían  y destrozaban todo cuanto encontraban a su paso, tal y como Nommo había predicho… 
 
-¡Kaaalooos!
 
Apretando los dientes, el general dragón de los mares sintió tras él cómo  la energía de su señor alcanzaba su punto más álgido. 
 
Concentrándose al máximo, acompañó con el estallido de su energía a la de su señor… Tras él,  las robustas y pesadas puertas que conducían a la sala del trono se desintegraron al instante en miles de astillas a la par que, Kalos hundía su mano en el torso de Escila que intentaba apartarlo de la puerta, liberando parte de su energía, empujándolo con todas sus fuerzas, lanzándolo varios metros hacia atrás, sobre los gigantescos fragmentos dorados del majestuoso palacio de Ebe que estaba siendo demolido hasta los cimientos. 
 
“Lo siento Escila…perdóname amigo pero, no voy a consentir que Dagón pasé por esta puerta, no le voy a permitir acercarse a nuestro señor, aunque eso me cueste la vida.” 
 
-¡Aparta Kaaalooos!- gritó Sorrento a quién Chusor de Hipocampo había obligado a tirarse al suelo…
 
-¡Te prohíbo que pases!- gritó Kalos con todas sus fuerzas a Dagón mientras su energía emitía unos pálidos reflejos azulados que rápidamente fueron  sofocados por los poderosos cosmos de ambos dioses cuyas energías al fin habían entrado en contacto y pugnaban la una contra la otra formando una extraña amalgama dorada y plateada que contrastaban con las, de un lado, límpidas y cristalinas aguas que rodeaban a Poseidón y por otro, las malsanas y densas aguas que manaban de Dagón.- ¡no voy a permitir que te acerques a mi señor!- gritó.-¡No vas a pasar!
 
  Sin embargo la armadura del dragón de los mares comenzó a cuartearse… Kalos aulló de dolor al sentir la increíble presión que ejercían sobre su cuerpo los impresionantes dunamis de Poseidón y Dagón. 
 
Se hallaba atrapado e inmovilizado entre ambos dioses, apenas una insignificante mota de polvo comparado con el poder y esplendor del que Poseidón y Dagón hacían gala.
 
 La presión reinante entre las energías de ambos dioses era increíble e insoportable… Kalos sentía vibrar sus huesos y órganos. El  intenso dolor era indescriptible y espantoso, y sin embargo, concentrando al máximo su energía consiguió aguantar en pie mientras a sus ojos y nariz asomaban ríos de sangre. 
 
-¡RESACA!-aulló, más su ataque siquiera llegó a materializarse.
 
“Patética criatura… ¿cómo es que osas  levantar tu mano contra mí que soy el verdadero dios de los océanos, mares y ríos? ¿Cómo osas oponerte a mí poder?”
 
La vibrante voz de Dagón traspasó todo su ser. Durante una ligera fracción de segundo, Kalos contempló su reflejo en los misteriosos y turbios ojos del primigenio dios. 
 
 Pequeño e insignificante. Así fue como se sintió cuando esa voz le habló. Así fue como se vio reflejado en la inmensa bastedad de esa primitiva e impenetrable mirada y, de repente, una increíble fuerza lo lanzó por los aires a la vez que todo se oscurecía para el orgulloso y poderoso Kalos, dragón de los mares…
 
Gritando; Sorrento y Chusor, se aferraban desesperadamente a las finas juntas de las marmoleas losas buscando un punto donde anclarse al suelo intentando de este modo evitar salir despedidos por los aires… sin embargo, la impresionante energía de Dagón los golpeaba incluso a ras del suelo... 
 
-¡Chusor!- gritó Sorrento alargando la mano en dirección al general del Hipocampo que, en esos momentos había perdido su frágil sujeción y salía despedido rodando… -¡No, Chusor!
 
…pero todo era inútil. Con las piernas ondeando hacia la superficie marina ahora que Dagón se hallaba más cerca, Sorrento se aferraba con todas sus fuerzas a los restos de una de las columnas de oro que antes adornaban el palacio. Finalmente, sus manos no pudieron más y Sorrento salió despedido por los aires mientras la violenta energía del Océano tenebroso chocaba contra la energía de su señor Poseidón, sacudiendo todo el fondo marino, demoliendo y destrozando los robustos muros dorados, así como las ciclópeas columnas y magníficos murales del majestuoso palacio de Ebe, mientras que en la superficie gigantescas olas asolaban los pueblos de la tierra…
 
 
CHOQUE DIVINO
 
 
De pie, al lado de su señor, Nommo fijó sus inquietantes ojos en la impresionante figura de Dagón quien, nada más poner sus pies en el suelo y a modo de advertencia, lanzó una poderosa onda de energía en dirección a Poseidón que este contuvo apretando los dientes, alimentando con su dunamis la barrera que había creado en torno suya y que resistió el primero de los embates del Océano Tenebroso, aunque no el segundo…
 
… demasiado rápido para que Nommo pudiera siquiera percatarse del movimiento que realizó Dagón, este apareció ante su señor, mientras unas terribles descargas plateadas recorrían su brazo derecho y, con una ira inusitada, Dagón lo descargaba sobre Poseidón, traspasando su barrera provocando un violento estallido que sacudió y lanzó al general como si de un simple pelele de paja se tratara,  incapaz de sostenerse ante el brutal choque  que provocó el completo hundimiento de lo poco que, a esas trágicas alturas, quedaba aún en pie del majestuoso palacio de Ebe.
 
Dolorido y aturdido, Nommo se llevó la mano a su cabeza que sangraba profusamente. De suerte que su cuerpo fue a parar al trono de su señor que contuvo su caída. Frente a él, jadeando, Poseidón contenía con su brazo izquierdo el puño de Dagón mientras, unos finos hilos de sangre, recorrían su sien izquierda.
 
Rápidamente, al percatarse del estado de su señor, Nommo intentó levantarse, pero, la increíble potencia de las dos energías que ahora se hallaban frente a frente, le impedía si quiera moverse… abrió entonces sus ojos y contempló el rostro de su padre, de Dagón.
 
Mucho más alto que Poseidón y de mayor envergadura, de su ser manaban unas oscuras aguas que fluctuaban y se agitaban en torno a su cuerpo con las que intentaba atrapar y ahogar a su señor Poseidón quien, al menos por el momento, las mantenía a raya.
 
El general sacudió su cabeza y tragó saliva; se hallaba completamente aturdido casi atontado... incapaz de apartar sus ojos de la impresionante figura del primitivo dios. 
 
Imbuido de una fuerza mística y sobrenatural, Dagón destilaba una violenta y primigenia energía que erizaba y sobrecogía el espíritu de Nommo cuyo corazón latía desbocado, al punto de estallar en su pecho... sin embargo, debía hacer algo, debía ayudar a su señor… así que…
 
Apretando con fuerza sus dientes, rodeándose de su energía, Nommo de nuevo amagó un infructuoso intento de levantarse mientras sentía el fondo marino sacudirse, temblar y estremecerse bajo los violentos golpes que se propiciaban el uno al otro.
 
Imponentes, majestuosos ambos, los estallidos que producían sus energías invocaban  la destructora fuerza de la naturaleza…
 
 
 
Poseidón sonrió limpiando con el reverso de su mano el hilo de sangre que ya le bajaba por la barbilla;  levantando su brazo derecho ante su cuerpo, apuntando con su tridente al primigenio dios, su cosmos emitió unos poderosos destellos a la par que varios rayos de su energía salían proyectados en dirección a Dagón…
 
Este sonrió a su vez… las descargas de Poseidón desaparecieron nada más rozar las poderosas escamas plateadas de su pecho…
 
-Si esto es todo cuanto puedes hacer, no eres rival para mí…- sonrió maliciosamente mostrándole todos sus dientes, mientras sus escamas refulgían pasando del plateado a un gris azulado, cada vez que su ancho pecho se levantaba con cada nueva bocanada de aire- ¡patética criatura!- estalló encolerizado levantando sus robustos brazos frente a Poseidón, mientras este de nuevo levantaba su tridente aplacando el golpe entre fulgurantes destellos dorados.- ¿Cómo es que has osado ocupar mi lugar?
 
-Este es mi reino, estos son mis dominios, ¡Yo soy el único dios de los océanos, mares y ríos!
 
-¡Jamás!- gritó Dagón.- ¡Yo soy el único señor que gobiernas sobre las aguas!
 
Cada palabra que profería su tenebrosa garganta iba acompañada de un contundente mazazo sobre el cuerpo de Poseidón… y él seguía debatiéndose en medio de aquellas dos terribles y poderosísimas fuerzas.
 
Con el corazón latiéndole violentamente en las sienes, apretando sus dientes, haciendo estallar su energía Nommo finalmente, consiguió levantarse…  y, entonces lo sintió…
 
Horrorizado dirigió su mirada hacia las turbias masas de aguas tras el cuerpo de Dagón, que amenazaban con sumir en la oscuridad total los inmensos dominios de Poseidón. Guiadas por esas misteriosas y peligrosas aguas, tres poderosas  presencias, avanzaban velozmente…  arribaban al lugar.
 
 
DE VUELTA A LA REALIDAD
 
 
“El mar, un general de Poseidón no se ahoga… eso es imposible”, se decía así mismo y sin embargo, eso era precisamente lo que le estaba pasando. 
 
Aturdido, completamente dolorido al punto de no poder siquiera mover uno de sus dedos sin que sintiera que su cuerpo se hacía añicos,  Kalos flotaba en un medio que, supuestamente, como general y súbdito de Poseidón,  debía dominar pero que, por algún extraño motivo le era totalmente desconocido.
 
Entonces comprendió. Abrió sus ojos y descubrió que se hallaba buceando en el interior de un mundo oscuro donde todo cuanto le rodeaba evocaba una naturaleza, hosca, predadora, peligrosa, primitiva y turbia. Sobrecogido comprendió que, aquella sustancia acuosa, densa y casi oleaginosa en la que se hallaba sumergido… no podían ser las cristalinas aguas sobre las que gobernaba su señor.
 
Al instante, sus nervios se tensaron al punto de que todo su cuerpo se convulsionó en una dolorosísima sacudida… “Su señor, Poseidón… ese ser, ese dios… Dagón.”
 
Sin poder evitarlo, Kalos abrió su boca para gritar y aquellas oscuras y turbias aguas penetraron en su interior. Violentamente, el dragón de los mares agitó sus brazos y piernas, ascendiendo a grandes brazas hacia la superficie.
 
Dando un grito consiguió asomar su cabeza al exterior de la embravecida superficie marina, abriendo su boca hasta el imposible,  inundando con el frío aire de la noche sus pulmones escupiendo en medio de unas terribles arcadas aquellas malsanas y hediondas aguas que había tragado. 
 
Exhausto, con los ojos cerrados, el general flotó sobre las densas aguas intentando recuperar el aliento perdido hasta que, finalmente se atrevió a abrirlos. Lo que entonces vio, le impactó. Atónito, Kalos contempló el negro palio que se cernía sobre la tierra; insondable, profundo y sin esperanza  mientras que, de nuevo sentía la poderosa fuerza de succión que ejercían sobre su cuerpo aquellas violentas y desconocidas aguas.
 
Recordó entonces lo que sintió cuando Dagón le habló. Aterido por el frio, intentando mantenerse a flote en medio de aquellas gélidas aguas que calaban y medraban en sus músculos y huesos, al instante sintió las fuerzas renacer en su interior… “maldito, le prohibí acercarse a mi señor…”, se dijo así mismo... 
 
Rodeándose de su energía Kalos dirigió una furibunda mirada al interior de aquellas negras aguas. Sus ojos destellaron. Tomando una profunda bocanada de aire, el dragón de los mares se hundió en la basta oscuridad que lo circundaba, en el interior de las peligrosas y primitivas aguas en busca de su señor.
 
 
LOS REFUERZOS DE DAGÓN
 
 
-¡Kaaalooos!- gritó Escila, apartando de su cuerpo todos los escombros que sobre él habían caído. Aturdido, finalmente consiguió levantarse y lo que descubrió lo dejó boquiabierto.
 
El inamovible e inalterable palacio de Ebe había desaparecido y, frente a él, donde se supone debía hallarse la sala del trono descubrió a su señor forcejeando con un ser inmensamente poderoso.
 
“Mi señor…”, frunciendo el entrecejo, rodeándose de su energía, Escila salió corriendo en dirección a Poseidón cuando…
 
 Nommo cayó sobre él y ambos rodaron por los suelos a la par que una especie de torbellino impactaba en el suelo pulverizándolo.
 
Debatiéndose contra quien el creía un enemigo, Escila forcejeó con su compañero hasta terminar situándose encima de él… iba a hundir su puño en el rostro de su rival, cuando se percató de quién era…
 
-¿Nommo…?- preguntó algo confundido, sin embargo, realizando un violento giro con su cadera, Nommo consiguió zafarse del cuerpo de Escila a la par que rodaba y algo impactaba violentamente contra el suelo, resquebrajándolo por completo…
 
-¡Cuidado Escila!- gritó sin dejar de rodar, mientras poderosas bolas de energía  intentaban hacer blanco en él.- Son tres... no permitas que se acerquen a nuestro señor.
 
Rápidamente, Nommo se levantó. Codo con codo ambos generales contemplaron las tres figuras que velozmente surcaban las oscuras y malsanas aguas avanzando en dirección a ellos. 
 
Rodeándose de toda la potencia de sus energías, los dos generales se lanzaron al ataque… 
 
Los largos cabellos de Nommo se erizaron a la par que este extendía sus manos hacia adelante formando una especie de pantalla mientras que, a través de las escamas que protegían las palmas de sus manos salían proyectadas unas especies de pequeñas fumarolas cuyas emisiones fueron aumentando.
 
-¡ESPESA NIEBLA DEL ALMA!- gritó…
 
…creando al instante ante ellos un fantasmagórico muro de densos y grisáceos cúmulos con los que envolvió a sus tres rivales.
 
Invocando las prodigiosas bestias que moraban en su armadura, los ojos de Escila destellaron a la par que su aura violácea se expandía en torno a su cuerpo…
 
-¡VAMPIROS DE ESCILA!- gritó enviando una oleada de espectrales criaturas violáceas que desaparecieron en el interior de la densa niebla convocada por Nommo.
 
Hasta los oídos de ambos llegaron entonces varios gritos y aullidos de dolor. Escila sonrió satisfecho, sus vampiros habían conseguido alcanzar a  sus oponentes... sin embargo, en esos precisos instantes, una poderosa energía estalló a sus espaldas. 
 
Sorprendidos, ambos generales se volvieron rápidamente a encarar a su enemigo, recibiendo el terrible impacto del ataque de Talasa…
 
-¡CORRIENTE PRIMIGENIA!- aulló la diosa del mar bajo los impresionantes destellos de su prodigiosa armadura iridiscente.
 
Dagón estalló entonces en una estentórea carcajada… parte de las oscuras aguas primordiales que lo rodeaban partieron en forma de una densa y peligrosa columna en dirección a Escila y Nommo que nada pudieron hacer salvo concentrar sus energías frente a sus cuerpos en un vano intento de bloquear en parte el ataque de la diosa y que este no los destrozara por completo… 
 
-¡Talasa!- aulló entonces Dagón y su potente voz reverberó sacudiendo el fondo marino- encárgate tú junto a Caribdis y Megalodonte de esas patéticas criaturas…
 
-¿Pero… mi señor?- Talasa frunció el entrecejo completamente enojada; no se habría siquiera molestado en descender a las profundidades marinas de saber que tendría que luchar contra unos simples humanos- No he venido a luchar contra unos simples mortales. Permitidme que os ayude- e, inmediatamente, sin esperar a tener el consentimiento de Dagón, la diosa lanzó parte de su maléfica energía en forma de una densa bola rojiza en dirección a Poseidón.
 
 
De inmediato, el Océano Tenebroso giró su rostro encarando a la diosa. Los ojos de Dagón refulgieron iracundos. El primigenio dios extendió entonces su brazo y la bola de energía invocada por Talasa se deshizo ante él en medio de una gran explosión, antes de que llegara a impactar contra Poseidón…
 
Enojado, la mística y primigenia energía de Dagón emitió unas violentísimas descargas… un fuerte estremecimiento recorrió toda la piel de Talasa que al instante comprendió y cubrió su rostro con sus brazos… 
 
-¡No mi señor!- aulló, sin embargo, ya era tarde…
 
Tras producirse una enceguecedora explosión plateada, Poseidón salió despedido varios metros hasta caer de espaldas al suelo, barrido cual brizna de paja ante el violento acceso de cólera del primigenio dios.
 
 Las furiosas descargas plateadas que emitía Dagón lamieron lo poco que quedaban de los bellos mosaicos con motivos marinos que adornaban el suelo de su palacio, impactando violentamente contra la diosa que salió despedida hasta chocar contra los dorados escombros… 
 
-Tú también Talasa, ¿cómo osas desobedecerme? ¡ES MÍO!- aulló Dagón- ¡Yo me encargaré de destruir a este insignificante diosecillo!
 
 
 Atónito ante lo que estaba ocurriendo, Poseidón se levantó aferrando con mucha más fuerza su tridente, sin apartar siquiera por un instante sus sorprendidos ojos del Océano Tenebroso quien, tras su estallido de cólera parecía incluso mucho más alto que antes;  tratando de asimilar que, el primigenio dios había conseguido arrojarlo al suelo. Sorprendido igualmente al contemplar cómo la poderosísima energía de Dagón no dejaba de aumentar y aumentar ante sus propios ojos al punto de provocar que las aguas se abrieran sobre sus cabezas mientras, las crestas de las gigantescas olas asomaban por encima de la prodigiosa hendidura rindiendo pleitesía al poderoso Océano Tenebroso, quien, sonriendo, de nuevo centró toda su atención sobre Poseidón…
 
-No sabes cuánto lamento esta imperdonable interrupción…- todas sus escamas refulgieron, oscureciéndose lo mismo que su mirada-No volverá a ocurrir. ¡ANCESTRALES FUERZAS DEL OCÉANO!
 
 
EL ORIGEN DE NOMMO
 
 
-¡Señora! 
 
Sujetándose el cuello de donde manaba su sangre en abundancia Caribdis, corrió en dirección a Talasa quien, aturdida tras el terrible golpe que le había propiciado su señor, intentaba liberarse del montón de escombros sobre el que había caído, sin embargo, Talasa apartó enojada su mano cuando esta fue a prestarle ayuda.
 
-Estoy bien Caribdis- herida en su orgullo, los profundos e insondables ojos de la diosa destellaron frustrados…- acabemos cuanto antes con estos patéticos humanos.- dijo entonces, levantándose.
 
 
A escasos metros de donde ambas se hallaban, Nommo finalmente había conseguido tenerse sobre sus piernas, mientras que Escila rodaba por los suelos intentando evitar ser alcanzado por las peligrosas arremetidas de Megalodonte.
 
Nada más ver a Nommo, la diosa estalló encolerizada. Profiriendo un largo y quejumbroso aullido, Talasa se lanzó sobre Nommo, dejando tras de sí a Caribdis…
 
 
… los puños de la diosa se hundieron en el torso del general sin piedad, mientras que este, pillado totalmente por sorpresa, apenas si conseguía detener uno de los puños de Talasa cuando el otro ya había impactado en su cuerpo. 
 
Concentrando su energía en cada terrible mazazo que propinaba, la diosa enfurecida, descargaba toda su ira contra el general  mientras que las escamas de la armadura de Nommo incapaces de resistir el contundente castigo saltaban resquebrajándose bajo la imponente lluvia de golpes.
 
-¿Es que si quiera sabes defenderte?- gritó enojada la diosa-¡Maldita sea! Contigo no tengo ni para empezar.-Furiosa, a cada palabra su puño impacta violentamente en el destrozado cuerpo del general mientras abundantes hilos de  sangre salpicaban sobre la prodigiosa armadura de la diosa y el suelo- y encima eres un traidor…- le susurró Talasa tomándolo por el cuello, acercando su rostro a su oído a la par que sus oscuros e insondables ojos destellaban presos de la rabia y la frustración.
 
-No…no- a los ensangrentados labios de Nommo asomó entonces una sonrisa- Ta… Tal… Talasa- consiguió balbucear, mientras dejaba fluir su energía y todo su cuerpo se estremecía bajo los puños de la diosa.- yo, no…
 
Tomándolo de nuevo por el cuello, la diosa buscó la mirada del general, pegando su frente a la del desfallecido Nommo…
 
-¿Qué tú no… qué?- inquirió la diosa burlándose- ¿qué hace un hijo de Dagón sirviendo al impostor?
 
-Poseidón es mucho más que mi señor- dijo entonces Nommo aferrando en ese momento de respiro las muñecas de Talasa.- Poseidón me salvó la vida…
 
-Comprendo- dijo entonces Talasa, sintiendo como aumentaban sobre sus muñecas la presión que ejercían las manos de Nommo.-Ahora todo tiene sentido. Tú eres aquel sacrificio que nunca llegó al mar…- sonrió entonces la diosa maliciosamente.- Tú eres aquel que consiguió sobrevivir… 
 
Nommo abrió sus ojos como platos a la vez que la energía de Talasa estallaba. Aflojando sus muñecas, liberándola de su agarre mientras esta apartaba sus manos del cuello de Nommo y el general  caía aturdido sobre sus rodillas al suelo, momento que la diosa aprovechó para hundir de nuevo su puño en su torso y a su mente acudían los recuerdos…
 
Nunca lo olvidaría, a pesar de que sólo era un chiquillo… aquellos angustiosos momentos que pasó aferrado a las cortantes y afiladas rocas del acantilado mientras las poderosas olas rompían violentamente contra su espalda.
 
 Aunque mucho peor fue el momento en el que... sus pequeños y frágiles brazos cedieron, incapaces de seguir sosteniéndolo a aquel resbaladizo e hiriente saliente en el acantilado. 
 
Completamente lacerado y destrozado finalmente, una de las olas, consiguió llevárselo.
 
Sin embargo, él continuó luchando con las pocas fuerzas que aún le quedaban. 
 
Luchó desesperadamente contra el mar mientras sus aguas inundaban su boca, su nariz y sus pulmones… hasta que no pudo más y se dejó atrapar por la gélida corriente que tiraba con fuerza de su cuerpo hacia el fondo.
 
Agónicos y angustiosos aquellos momentos, deseó la muerte… sin embargo… cuando ya se había rendido, cuando ya lo daba todo por perdido, sintió que una poderosa energía lo rodeaba mientras que unos robustos brazos lo mecían. 
 
Exhausto, descansó. Cuando despertó se encontró en los dominios de Poseidón, quien no sólo lo salvo ese día, sino que lo tomó bajo su protección y lo crío como a un hijo, enseñándole todo cuanto sabía.
 
 
-Hace quince años- la voz de Talasa reverberó en su cabeza-  tú eras uno de los niños que el pueblo de Dagón entregó en sacrificio para que yo pudiera renacer.- con el puño aún hundido en su vientre, Nommo descansaba sobre parte del torso de la diosa, con su cabeza recostada sobre su frío y escamoso pecho.- Tú eras especial. Debí recibir siete energías limpias y puras, pero sólo llegaron hasta mí seis…- Talasa sonrió- No eras más que un chiquillo, pero luchaste contra el mar con la fuerza y la determinación de un adulto. Desde el pozo de aguas oscuras donde me hallaba encerrada, pude sentir tu lucha… cómo te debatías contra las olas…
 
 
RAULOS DE MEGADOLONTE
 
 
Tras varios intentos, finalmente, Escila consiguió aferrar uno de los escurridizos  puños de su rival entre sus manos.
 
-¿Quién demonios eres?- preguntó el general al tiempo que una pierna hendía el aire y pasaba zumbando a ras de su cabeza.
 
-Soy Raulos de Megalodonte- rápidamente, el guerrero de Dagón se adelantó algunos pasos, sorprendiendo al general que liberó su presa  a la par que de nuevo, amagaba un puñetazo.
 
-Bien Raulos. Me llamo Lamaco y soy el general de Escila.- propinando un gran salto hacia atrás, el general cruzó sus brazos sobre su cuerpo mientras se rodeaba con los poderosos destellos de su energía violácea…-¡ABRAZO DE TIFÓN!
 
Rápidamente, al igual que una gigantesca serpiente, la energía de Escila rodeó violentamente el cuerpo del guerrero de Dagón. Realizando un movimiento con su brazo derecho, la energía de Escila constriñó el cuerpo de Megalodonte, sin embargo, las prodigiosas escamas de Raulos destellaron y este se escurrió del letal abrazo de Tifón ante los sorprendidos ojos del general.
 
-No general…- sonrió maliciosamente Raulos- No vas a librarte de mí tan fácilmente.
 
Realizando un rápido movimiento, las piernas de Megalodonte hendieron el aire. Lamaco se hizo a un lado, giró sobre su cuerpo y contuvo los puños de Raulos.
 
-Te has librado del abrazo de Tifón, pero no podrás resistirte a mi siguiente bestia… ataca reina de las abejas, ¡PICADURA LETAL!
 
Raulos frunció el entrecejo. Sorprendido el guerrero de Dagón saltó en el aire mientras el violento golpe de Escila se hundía en el suelo, resquebrajándolo… Lamaco sonrió.
 
-Eres rápido, pero aún guardo cuatro bestias más entre mis escamas.- nada más pronunciar estas palabras,  el casco de Escila emitió un fuerte destello.- ¡MORDEDURA DEL LOBO! 
 
De nuevo Raulos saltó. Moviéndose a gran velocidad, intentó evitar el golpe de Escila sin embargo, en esta ocasión, no consiguió retirarse a tiempo y la dentellada del lobo le alcanzó en su pierna derecha, haciéndole trastabillar y caer al suelo, aunque sin provocarle mayores daños.
Las escamas de Dagón absorbieron la mayor parte del golpe. Enojado, el guerrero se levantó encarando a Escila.
 
-Me estoy cansando, general…- dijo Raulos.- Ha llegado el momento de que te muestre mi poder.
 
Los alargados ojos de Megalodonte destellaron a la par que este se lanzaba en plancha sobre el fondo marino, desapareciendo en su interior ante los ojos del general.
 
 Escila siquiera tuvo tiempo a reaccionar cuando el guerrero de Dagón salió proyectado violentamente al exterior bajo sus pies… 
 
-¡ATAQUE DEL MEGALODÓN!
 
El cuerpo del general se elevó en el interior de una gigantesca columna de energía mientras sentía sus piernas quebrarse bajo la increíble presión que ejercían los brazos de Megalodonte quien… tirando de su cuerpo hacia él, machacaba sus extremidades inferiores en lo que parecía ser un abrazo letal. 
 
-¡Yo sí que voy a quebrar todos tus huesos general!- aulló Raulos sin dejar de ejercer aquella terrible presión sobre las piernas de Escila quien… a punto de desfallecer, oyó una hermosa voz alzarse sobre el clamor de la batalla…
 
 
 
Poseidón extendió sus brazos ante su cuerpo, sus ojos destellaron y parte de las límpidas aguas que aún no habían entrado en contacto con la energía de Dagón, formaron un prodigioso muro frente a su cuerpo contra el que chocaron las fuerzas ancestrales invocadas por Dagón…
Apretando sus dientes, Poseidón alimentó con su energía el muro de agua, sin embargo… sobre su azulada superficie apareció un pequeño punto negro que, lentamente fue haciéndose más y más grande…
 
Del otro lado del muro, con su brazo derecho extendido en dirección a Poseidón, los ojos de Dagón irradiaron una luz primitiva y maliciosa…
“Ya eres mío, Poseidón”
 
 Sonriendo, el primigenio dios realizó un extraño movimiento con su mano izquierda. Tras él, las oscuras aguas se escindieron en lo que parecían ser unos largos y turbios brazos que, a un gesto suyo, fluyeron en torno a su cuerpo, dirigiéndose hacia Poseidón… 
 
-¡Si crees que me tienes a tu merced, estás muy equivocado!- gritó Poseidón en esos momentos… “Debo hacer algo, debo atacarle antes de que consiga quebrar el muro de agua”, se dijo así mismo haciendo estallar su energía, rodeándose de su poderoso dunamis…-¡GALOPE DE ESPUMAS!
 
Alimentado de golpe por la poderosa energía de Poseidón, el muro de agua estalló pulverizado en una intensa lluvia de espumas. Poseidón apuntó entonces con su tridente en dirección a Dagón y las espumas salieron proyectadas al igual que un torrente de lanzas hacia el primigenio dios quien sorprendido, extendió su mano derecha ante su cuerpo, recibiendo el poderoso ataque, apretando los dientes a la par que retrocedía debido al prodigioso empuje y parte de las escamas que cubrían su mano saltaban resquebrajadas…
 
Jadeando, Dagón se vio obligado a emplear también su mano izquierda para detener el avance de las espumas que Poseidón le había enviado. Tras unos tensos minutos, Dagón finalmente consiguió desviar el ataque de Poseidón que partió la superficie de la mar embravecida…
 
-Muy bien…- sin apartar los ojos de las palmas de sus manos, Dagón sonrió- me preguntaba cuando me mostrarías tu verdadero poder, aunque, sí esto es todo cuánto puedes hacer… vuelvo a repetírtelo,  no tienes oportunidad alguna de sobrevivir frente a mí…
 
-Acabo de destrozarte las manos, “diosecillo primordial”- se burló Poseidón- y eso es mucho más de lo que tú has conseguido hasta el momento.
 
-Eso crees,- Dagón sonrió mostrándole todos sus dientes- pobre iluso, si quiera te has dado cuenta de que has caído en mi trampa…- los ojos de Dagón contemplaron algo a los pies de Poseidón.
 
-¿Trampa…?- inquirió este último, fijando sus ojos en el suelo, tragando instintivamente saliva al contemplar aquella extraña miasma negruzca que rezumaba el suelo de su palacio bajo sus pies y que era alimentado por unos largos brazos de aguas primordiales que partían del cuerpo de Dagón.
 
-Sí, Poseidón, mi trampa…- emitiendo un violento pulso de energía, las escamas de Dagón refulgieron obligando a Poseidón a cerrar los ojos-¡FOSAS TENEBROSAS!
 
 
EL DRAGÓN DE LOS MARES Y CARIBDIS
 
 
Caribdis contemplaba a su señora cuando sintió la energía de uno de los generales de Poseidón acercándose hacia donde ellos se hallaban. Alzó su mirada y, luchando contra las oscuras y densas aguas primordiales, visualizó una figura que, vistiendo una destrozada armadura dorada,  pugnaba por adentrarse, por profundizar en las primitivas y turbias aguas de su señor, en un intento de llegar  hasta donde ellos se encontraban…
 
-Pobre…- rió entre dientes- sería mejor para él rendirse y perecer ahogado, sin embargo… sí es lucha lo que quiere, yo se la daré. ¡TORBELLINOS DE CARIBIDIS!
 
 
…estaba a punto de perecer… no podía más… él quería profundizar, sin embargo, aquellas misteriosas aguas no se lo permitían…
Su energía fluía en torno a su cuerpo, creando una barrera entre él y las insidiosas aguas. Jadeando, Kalos a duras penas conseguía profundizar algunos metros más cuando…
 
… el general abrió sus ojos desorbitados… un torbellino avanzaba en su dirección. 
 
Deteniendo al momento su avance, Kalos situó sus brazos delante de su cuerpo. Concentrándose, el general lanzó su ataque contra aquel oscuro torbellino que quería engullirlo.
 
-¡BATIENTE DE OLAS!-aulló proyectando su energía en la forma de unas ondas azuladas que impactaron contra el potente torbellino, pulverizándolo.
 
Hasta sus oídos llegó entonces el sonido de una estentórea carcajada…
 
-Bien hecho general.
 
Frunciendo el entrecejo, Kalos finalmente consiguió llegar y posar sus pies sobre el fondo marino...  
 
En esos precisos instantes Poseidón caía en la trampa Dagón. Nommo parecía mal herido, a merced de la poderosa bruja Talasa, Escila aullaba de dolor y… una misteriosa mujer, le cerraba el paso.
 
-Aparta de mi camino sí es que sabes lo que te conviene…- los ojos de Kalos destellaron iracundos, sorprendida Caribdis retrocedió ante el violento arranque del dragón de los mares.
 
 
LA DETERMINACIÓN DE NOMMO
 
 
-Una verdadera lástima…
 
Realizando un rápido giro, Talasa golpeó con su pierna el rostro de Nommo quien, girando sobre sí mismo, salió despedido hasta caer sobre los restos de una de las columnas.
 
-Aunque ya no importa.
 
Lentamente, la diosa fue avanzando en su dirección. A cada paso, su oscura y densa energía emitía unas pequeñas descargas que, lamiendo la superficie del fondo marino, buscaban el cuerpo del general, sobre el que impactaban, lacerándolo…
 
Escupiendo sangre, con la vista completamente nublada, Nommo trataba de levantarse a la par que apretaba sus labios cada vez que impactaban contra su cuerpo las hirientes descargas que le enviaba Talasa…
 
No, se dijo así mismo,  no iba a dejarse matar sin presentar batalla… y mucho menos ahora que sabía el motivo por el cual murieron sus padres y él fue arrojado desde el borde del acantilado.
 
Los inquietantes ojos de Nommo se oscurecieron por completo. Rodeándose de toda la potencia de su energía, sus largos cabellos se erizaron a la par que, apoyándose contra los restos de la columna, Nommo se levantaba y sentía los pasos de Talasa, que se aproximaban cada vez más hacia él…
 
-Así me gusta.- dijo entonces la diosa-Me estaba preguntando adónde había ido a para esa fuerza que te permitió conservar la vida después de todo. Eso, eso es lo que deseo, quiero que luches hasta el final, al igual que hiciste aquel día.- concentrando su densa energía, Talasa detuvo sus pasos  ante el cuerpo del general quien, en esos momentos, giraba sobre sí mismo para encarar a la diosa- ¡FURIA DEL OCÉANO PRIMORDIAL!
 
-¡VENENOSO GOLPE DE LA SALAMANDRA!
 
 
SORRENTO
 
 
…un hermoso sonido. Sin darse cuenta, Megalodonte comenzó a aflojar la increíble presión que estaba ejerciendo sobre las piernas del destrozado Escila.
 
 “¿Quién lo llamaba?”, se preguntó así mismo buscando con su mirada al dueño de aquella enigmática voz, cuyas melodiosas notas vibraban y reverberaban en el interior de su cabeza. Lentamente, abrió sus manos, liberando el cuerpo del general Lamaco de Escila que cayó ahogando un lastimero grito en el suelo…
 
-¡CANTO DE SIRENAS!- se alzó de nuevo aquella hermosa voz.
 
Raulos escuchó completamente anonadado al muchacho que avanzaba hacía el envuelto en una aura dorada. Tan hermosa era la cualidad y el timbre con el que vibraba aquella voz; que el guerrero de Dagón lejos de sentir odio, apartó de sí todo su resentimiento contra Poseidón, olvidando al instante porqué se hallaba allí.
 
 Maravillado con el hermoso canto, el cuerpo de Raulos se destensó al momento, obedeciendo aquella magnífica tonada. Increíblemente melodiosa, aquella portentosa voz se escindió en dos, y estas a su vez en otras dos, cuando… una extraña expresión surcó el rostro de Sorrento, ahora que el guerrero de Dagón, había caído en sus garras.
 
Rápidamente, Megalodonte llevó sus manos a su cabeza. Completamente disonantes, discordantes, atroces… ahora eran cientos las voces que entonaban cada una de ellas una fatídica y estridente melodía que le hería, que lo laceraba…
 
El guerrero de Dagón se lanzó al suelo... no había forma de acallarlas, eran insoportables, hirientes, sangrantes…
 
-No hay forma de liberarse,- lentamente, Sorrento fue avanzando en dirección a Raulos que en vano taponaba sus oídos intentado evitar que hasta el llegara el sonido de aquella voz.- una vez las sirenas comienzan a cantar, sólo hay opción a la muerte…- los ojos del general destellaron. Rodeado por la potencia de su energía, Sorrento alzó su mano derecha.- Escucha hijo de Dagón, el cantar de las sirenas… ¡MELODÍA DEL MAR!
 
Dolorido Escila finalmente consiguió ponerse en pie. Maravillado  escuchó la hermosa voz de Sorrento entonar una triste melodía que evocaba las trágicas epopeyas de aquellos que sucumbían a la llamada de las sirenas; en su fuero interno, Escila sabía que a Raulos le esperaba una muerte atroz… la muerte que aguarda a todos los que escuchan las voces de las sirenas.
 
 
 
Los puños de Kalos se hundieron violentamente en su estómago. Caribdis retrocedió a la par que expulsaba todo el aire de sus pulmones mientras las escamas de Dagón saltaban hechas añicos desde su torso.  Rápidamente, se hizo a un lado  esquivando los continuos golpes del dragón de los mares…
 
Aturdida por los golpes, Caribdis consiguió aferrar el puño del general, sin embargo este la sorprendió barriéndole las piernas, haciéndola caer de espaldas contra el suelo a la par que… propinando un gran salto, sin cejar siquiera un instante en sus ataques, el dragón de los mares caía de nuevo sobre ella.
 
-¡Ríndete de una vez!- le espetó Kalos mientras ella rodaba por los suelos evitando de este modo que el general la aplastara.- O te apartas de mi camino o mueres… tú decides.
 
-¡Jamás!- le gritó haciéndose a un lado, esquivando de nuevo los golpes del general que cada vez eran más y más certeros.
 
-Me trae sin cuidado que seas una mujer, yo sólo veo a mi enemigo… ¡RESACA!- gritó el general realizando un rápido movimiento con sus manos delante de su cuerpo.
 
-¡TORBELLINO DE LA BESTIA!
 
Realizando un gran esfuerzo, Caribdis invocó en un último instante un potente torbellino que contuvo en parte el ataque de Kalos… apretando sus dientes, la guerrero de Dagón alimentó con su energía su torbellino, deteniendo durante apenas unos instantes las poderosas ondas azuladas que… proyectadas desde el puño de Kalos, avanzaban ganándole más y más terreno cada vez…
 
-¡GRAN TORNADO!- gritó Caribdis a punto de sucumbir bajo el ataque  de Kalos, haciendo retroceder de golpe las poderosas ondas que le enviaba  el general.
 
Jadeando, Kalos frunció su entrecejo iracundo… esa mujer lo estaba exasperando, no se lo iba a poner fácil, estaba dispuesta a luchar con uñas y dientes por proteger a su señor.
 
 El general sonrió; debía admitir que tenía valor sin embargo, por mucho coraje que demostrara, nada podría hacer contra él que era el más poderoso de los generales de Poseidón.
 
-Peor para ti…- fijando sus ojos en los de Caribdis, a sus labios asomó una fatídica sonrisa que consiguió erizar la piel de la mujer, quien instintivamente retrocedió unos pasos.- eres poderosa, pero no lo suficiente para vencerme… ¡PODEROSO GOLPE DE MAR!- aulló Kalos creando de ante sí una fortísima corriente de gigantescas olas que lanzó sobre Caribdis.
 
 
POSEIDÓN DESATA LA IRA DE DAGÓN
 
 
Una inconcebible fuerza tiró de las piernas de Poseidón hundiendo su  cuerpo  en el interior de aquella lóbrega y hedionda fosa que se había abierto bajo sus pies, mientras las oscuras y densas aguas primordiales que se habían escindido de las escamas de Dagón, se adherían a su magnífica armadura, formando una oleaginosa capa sobre la misma que le dificultaban el más ligero y mínimo movimiento.
 
-Esto no es nada Poseidón…
 
Desde el fondo de la fosa, Poseidón alzó su mirada y contempló los pálidos reflejos plateados del dunamis de Dagón asomándose al borde del agujero, derramándose pausadamente en su interior, descendiendo, infectando la mortal oscuridad que reinaba en torno a su cuerpo con el brillo espectral de la primitiva energía del Océano Tenebroso.
 
-¡Qué estúpido eres!- le insultó Poseidón- ¿De verdad crees que me has atrapado?
 
-¡No tengo intención alguna de atraparte!, aunque de todas formas, me gustaría ver como sales de ahí…
 
Hasta sus oídos llegó la espantosa carcajada de Dagón. Encolerizado, enfurecido consigo mismo por haberse dejado sorprender de aquella manera, Poseidón se concentró reuniendo en su interior toda su energía…
Su poderosísimo cosmos comenzó a destellar iluminando con sus dorados e intensos reflejos la densa oscuridad que lo circundaba cuando, de repente, sintió que flaqueaba.
 
Un fuerte estremecimiento sacudió todo su cuerpo, su vista se nubló al instante y no tuvo más remedio que apoyar su cabeza contra la plateada y espantosa sustancia que rezumaba desde el cuerpo de Dagón al interior de la fosa…
 
-¿Algún problema Poseidón?- sonrió Dagón.- Creía que podías salir de ahí en cuanto quisieras… ¿A qué estás esperando entonces?
 
-Maldito…- tragando saliva, Poseidón alzó de nuevo su mirada buscando el rostro de su enemigo.
 
 Se encontraba francamente mal. Abotargado, cansado, apenas sí podía moverse en el interior de aquel estrecho agujero y las oscuras y hediondas aguas a las que ahora se les había sumado la extraña miasma plateada que rezumaban las escamas de Dagón, sabía le estaban afectando de algún modo, lo estaban debilitando. 
 
-Sigo esperando, Poseidón…
 
-¡Basta Dagón, no te burles!-gritó enojado, frunciendo el entrecejo- ¡Juro que voy a destrozarte!
 
-Estas donde debes estar,- hablando entre dientes, los ojos de Dagón destellaron y su malicioso resplandor llegó hasta Poseidón-  en la más profunda de las fosas oceánicas-concluyó en una sonora carcajada-Este, Poseidón es mi elemento. Ahora comprenderás impostor quién es el verdadero señor de los océanos, mares y ríos.
 
Al oír esas palabras, Poseidón estalló encolerizado. Poderosas descargas doradas ascendieron violentamente por las resbaladizas paredes de aquella fosa donde Dagón lo había encerrado mientras proyectaba su cuerpo y golpeaba con su energía el rostro del primigenio dios, rasgándole los labios, provocando por vez primera que el icor de Dagón se destilara al exterior… pero en vano todo. Por más que lo intentaba, apenas avanzaba unos metros, cuando volvía a hundirse en el  interior de aquel agujero…  no conseguía salir de allí.
 
Llevando la punta de sus dedos a sus labios, Dagón recogió algunas gotas de su sangre mientras la ira y la rabia también crecían en su interior.
 
Contempló entonces las yemas de sus dedos ensangrentadas; si quiera Pontos fue capaz de hacerle sangrar… de hecho, de no haber sido por la ayuda de Gaia, si quiera lo hubiera rozado.
 
Hundiendo de nuevo su mirada en el foso, la energía de Dagón volvió a estallar violentamente, tal y como lo había hecho cuando Talasa lo desobedeció.  
 
-¡Ya que tienes tantas ganas de salir…- gritó Dagón encolerizado,  asomándose a la fosa maldita-  voy a prestarte mi ayuda!
 
Al instante, las prodigiosas escamas de Dagón comenzaron a destellar a la par que toda la energía del primigenio dios estallaba hiriendo, hendiendo las diferentes masas de aguas con un poderoso rayo plateado, sacudiendo de nuevo todo el fondo marino, provocando más olas gigantescas que asolaban los pueblos costeros a la par que Poseidón se rodeaba de su energía preparándose de este modo para recibir el ataque de Dagón, quien apuntó con su mano derecha hacia la herida abierta y sangrante en la superficie del mar…
 
-¡FUERZAS ANCESTRALES DEL OCÉANO TENEBROSO!
 
 
Al instante el cuerpo de Poseidón quedó atrapado en el interior de un poderoso haz plateado. Bajo sus pies sintió resquebrajarse la corteza terrestre. Violentamente, una misteriosa y prodigiosa fuerza lo empujó con una ira desmedida… Poseidón tuvo que apretar los dientes para resistir la increíble presión a la que, en apenas unos instantes, vio su cuerpo sometido.
 
Su magnífica armadura comenzó a vibrar y tuvo que realizar un nuevo esfuerzo para no perder su tridente, a pesar de que tenía la sensación de que le estaban martilleando todo su cuerpo, no lo soltó… y cuando, finalmente creyó que todo había acabado, esa misma fuerza lo expulsó violentamente de la fosa.
 
Su cuerpo salió proyectado al exterior del foso. Concentrándose, Poseidón consiguió frenar su cuerpo cuando ya se hallaba a punto de salir despedido a través de la enorme brecha abierta sobre la superficie del mar… momento en el que… el poderoso dios primordial, se lanzó sobre él…
 
 
UNA AYUDA INESPERADA
 
 
Los restos de sus escamas saltaron pulverizados. Los misteriosos e inquietantes ojos de Nommo destellaron emitiendo un ligero pulso verdoso a la par que el general descargaba toda su energía en un golpe letal dirigido hacia Talasa.
 
Las violentas ondas del ataque Talasa impactaron contra el poderoso ataque del general Nommo de Lyumnades, frenándolo en el acto, permaneciendo en equilibrio entre ambos…
 
-No puedes vencerme- las prodigiosas escamas de su armadura se oscurecieron por completo, pasando a un intenso y apagado tono grisáceo.- No eres más que un simple mortal, en cambio yo, soy una diosa…
 
Alimentada por el odio de Talasa, su furia del océano primordial, comenzó a ganarle terreno al golpe de Nommo, quien apretó los dientes haciendo estallar de nuevo su energía hasta sus límites… aunque todo parecía vano e inútil…
 
Sobre el rostro de Talasa comenzaba ya a despuntar una maliciosa sonrisa cuando…
 
-¡CARGA OCÉANICA!
 
Violentamente, una poderosa fuerza se sumó al ataque de Nommo consiguiendo desequilibrar la balanza… Talasa abrió sus ojos atónitos al contemplar como su ataque retrocedía velozmente hacia ella…
 
Con los ojos abiertos como platos, la diosa no pudo hacer nada por evitar el inexorable avance de los tres ataques que impactaron sobre su cuerpo.
 
La esperanza volvió a renacer en el cansado espíritu de Nommo. Sonriendo, dirigió una fugaz mirada hacia Chusor de Hipocampo que acababa de aparecer a su lado…
 
-Jamás pensé que una mujer te haría morder el polvo… aunque, debo admitir que es muy poderosa.- dijo Chusor frunciendo su entrecejo, en el momento en el que el cuerpo de la diosa impactaba contra en el fondo.
 
-No es una mujer normal, Chusor.- tambaleándose aún sobre sus piernas debido al increíble esfuerzo que acaba de realizar, Nommo tragó saliva.- es Talasa y… al igual que Dagón, es diosa del mar.
 
-Bravo entonces, pues hemos derrotado a una diosa.
 
-No, Chusor… aún no la hemos derrotado.
 
…un violento temblor sacudió entonces el fondo marino. Nommo cayó de bruces al suelo, mientras Chusor intentaba por todos los medios mantenerse erguido. 
 
Ambos generales volvieron sus rostros sobrecogidos frente a las intensas réplicas del seísmo que se estaban sucediendo. Tras ellos, completamente desencadenada su ira, la energía de Dagón fluía violentamente hacia la superficie del mar hendiéndola por completo, mientras que… Poseidón, su señor, era salvajemente expulsado al exterior… hacia la superficie, a la par que, profiriendo un potente grito, la energía de la diosa del mar estallaba frente a ellos, barriéndolos…
 
Fuera de sí, encolerizada como hacía siglos no había estado, Talasa emergió del montón de escombros sobre los que su cuerpo fue a parar. Parte de sus prodigiosas escamas habían estallado y a través de sus heridas abiertas rezumaba su oscura y densa sangre…
 
-¿Qué habéis hecho?- gritó- ¿cómo es que habéis osado derramar mí sangre?- extendiendo sus manos a ambos lados de su cuerpo, la diosa emergió de las profundidades dispuesta a emplear todo su poder contra esos humanos que habían osado lastimarla.- Vais a pagarlo muy caro, vais a lamentarlo…
 
 
CLÍMAX LETAL
 
 
Su cerebro martilleaba constantemente contra su cráneo… Raulos aulló de dolor sacudiéndose, pataleando en el suelo mientras sentía aumentar la presión en su cabeza. 
 
Inyectados en sangre, sus ojos y nariz comenzaron a sangrar mientras aquel fatídico y letal sonido continuaba lacerándole e hiriéndole…
A la par que bajaba un tono el timbre de su voz, el rostro de Sorrento se fue dulcificando. Lentamente, las cejas del general recuperaron su forma, destensándose por completo mientras a sus ojos asomaba una extraña expresión de tristeza…
 
-Podría alargar este martirio durante horas…- dijo entonces el más joven de los generales de Poseidón- sin embargo, debo correr en auxilio de mi señor…- acompañando sus palabras, un violento temblor sacudió el fondo marino. Dagón acababa de estallar encolerizado.-  escucha guerrero de Dagón la última parte de mi canción… ¡MELODÍA MORTAL!  
 
…mucho más estridente ahora, los latidos del corazón de Raulos se acompasaron con las frenéticas voces de las sirenas que lo llamaban, entonando todas ellas juntas las mismas notas… cientos de voces que semejaban la descarnada y afilada hoja de un cuchillo invisible que hendía sus entrañas, que las laceraba y rasguñaba…
 
Finalmente, las últimas notas, las cantó Sorrento… suaves, melodiosas, hermosas… el corazón de Raulos, dejó de latir.
 
-Escila…- Sorrento tendió una mano a su compañero quien había caído al suelo tras los fuertes temblores de tierra.- ¿te encuentras bien? ¿Estás herido?
 
-Creo que puedo moverme- dijo entonces Escila tomando la mano que le  ofrecía su compañero- gra…
 
Las palabras enmudecieron en la garganta de Escila. Con el rostro desencajado por la expresión de horror en la mirada de su compañero, Sorrento se giró y contempló atónito el ataque de Dagón sobre su señor…
 
 
 
Kalos cayó sobre ella al igual que la ola gigante sobre la tierra, imparable e incontenible. Los puños del general impactaron violentamente sobre su cuerpo. Certeros y precisos, sus poderosos golpes atravesaron  importantes centros vitales destruyéndolos por completo, traspasando con sus puños las increíbles escamas que la protegían. Desbordada por la fuerza y contundencia del más poderoso de los generales de Poseidón, Caribdis cayó muerta antes de tener siquiera tiempo a replicar…
 
Rápidamente, Kalos se lanzó en una frenética carrera contra Dagón. Pasó como una exhalación junto al cuerpo de Talasa que en esos momentos caía sobre un montón de escombros.
 
Sin embargo, en esos precisos instantes, el primigenio dios estallaba en cólera… el fondo marino gimió, se estremeció obedeciendo el mandato del Océano Tenebroso mientras las colosales masas de agua se retiraban, abriéndose al paso de la energía de Dagón, rindiéndole pleitesía y el cuerpo de Poseidón salía proyectado hacia la superficie rodeado de su poderosa energía… aunque, Kalos comprendió que su señor más bien se hallaba bajo el influjo del increíble y malicioso Dagón que dominando la situación. 
 
 
EL MOMENTO DE LA VERDAD
 
 
El dolor era insoportable… los dientes de Poseidón rechinaban de la increíble presión que ejercía con sus mandíbulas por sofocar un grito;  debido al daño que le estaba causando la violenta fricción de las oscuras y tenebrosas fuerzas primordiales que el Océano Tenebroso había desencadenado sobre él…
 
Haciendo un gran esfuerzo, Poseidón consiguió levantar un poco su mirada, no podía creer lo que le estaba sucediendo, aquello sencillamente no podía ser…
 
“Increíble”, se dijo así mismo, “va a conseguir lanzarme al exterior, me está expulsando de mi reino… sino consigo contener estas fuerzas que someten y aprisionan mí cuerpo, Dagón me lanzará al destierro.”
 
Aullando, recurriendo a toda la potencia de su energía, a todo su poder, Poseidón consiguió frenar su cuerpo cuando ya se hallaba a ras de la superficie marina cuando…
 
…horrorizado bajó su mirada y contempló al Océano Tenebroso avanzando envuelto entre las increíbles y poderosísimas descargas plateadas que emitía su inconmensurable y primigenia energía…
 
-¡No vas a desterrarme!- gritó Poseidón- ¡Este es mi reino, yo soy el  único dios de los océanos, mares y ríos!- liberando igualmente su energía, rodeándose de los dorados destellos de su magnífico dunamis, Poseidón alzó su brazo derecho, apuntando con su tridente en dirección a Dagón- Yo Poseidón invoco a la destructora fuerza de los océanos, ¡que las aguas se alcen y desciendan sobre mi enemigo! ¡FURIA DESENCADENADA DEL OCÉANO!
 
 
 
Primero un violento destello plateado que partió en dos la embravecida superficie marina y se perdió lacerando con su oscura y primitiva esencia el pálido brillo de las estrellas mientras olas gigantescas asolaban la tierra y hasta sus oídos llegaban el clamor de los inocentes…
Ahora un poderosísimo destello dorado que igualmente hendía el firmamento, sometiendo a las furiosas aguas, obligando a las pálidas estrellas a retirarse humilladas al no poder competir con su magnificencia…
 
Sin apartar sus ojos de la superficie marina, Zeus contempló aquellos fulgurantes destellos invocando la destructora y letal fuerza de la naturaleza, mientras las nubes corrían presurosas girando frenéticamente y su hermano desencadenaba la temida tempestad sobre los océanos de la tierra. Dos fenómenos, dos seres prodigiosos que lo arrasarían todo con tal de dejar bien claro quién era el único señor… el único dios…
 
Un fuerte estremecimiento recorrió entonces el cuerpo de Zeus… sentía el inconcebible poder de su hermano… tan parecido al suyo, después de todo. Sin embargo, abrió sus ojos profundizando aún más buscando con ellos a Dagón… 
 
Qué criatura más terrible y poderosa, qué ser tan primitivo y prodigioso. Instintivamente tragó saliva; que ser tan extraordinario… y, sin embargo, no era ni mucho menos tan poderoso como lo eran su padre y su madre…
 
 
UNIDOS FRENTE A TALASA
 
 
 Cegada por la ira, la energía de Talasa  barrió a los dos generales que nada pudieron hacer contra ella…
 
Mal herido, Nommo cayó inconsciente mientras que Chusor intentaba levantarse. Como una exhalación, la diosa apareció frente a él cuando aún se hallaba postrado en el suelo.
 
Aferrándolo por sus brazos, Talasa levantó el cuerpo el general por encima de su cabeza, lanzándolo violentamente contra el suelo…
 
Chusor siquiera tuvo tiempo de levantarse cuando Talasa cayó sobre él, hundiendo su rodilla sobre su pecho, aplastándolo no sólo con su peso, sino con toda la potencia de su energía.
 
El cuerpo entero del general se estremeció bajo el terrible impacto de aquel fatídico golpe. La diosa volvió a saltar en el aire, lanzándose de nuevo en picado sobre el general que no podía moverse…
 
Sobrecogido, Chusor contempló la iridiscente figura de la diosa perderse entre las oscuras brumas de las primigenias aguas que cubrían con su mortecina presencia los dominios de su señor reapareciendo apenas unos instantes después rodeada de toda la violencia de su densa energía a punto de impactar contra él cuando…
 
…una colosal criatura violácea cayó sobre Talasa, desviándola de su objetivo. La rodilla de la diosa impactó abriendo un inmenso socavón en el fondo marino.
 
-¡POR EL ZARPAZO DEL GRAN OSO!- gritó Escila interceptando el cuerpo de la diosa en el momento en el que iba a impactar contra el inmóvil y destrozado Chusor de Hipocampo.
 
Rabiosa Talasa saltó desde el interior del agujero y se giró para  encarar a los  generales  Escila y  Sorrento…
 
-¡Ve con Kalos Sorrento!- dijo Lamaco rodeando su cuerpo con los violáceos destellos de su energía- Ve y protege a nuestro señor, corre y ayuda a nuestro comandante…
 
Obedeciendo a su compañero, Sorrento inclinó la cabeza y salió corriendo en dirección a Kalos. Completamente aturdido, Nommo recobraba la consciencia entre terribles y lacerantes dolores de cabeza… jadeando, el general levantó la mirada y contempló a la poderosa Talasa hundiendo sus puños en el cuerpo del general Lamaco de Escila mientras que… del interior de un socavón, asomaba una mano dorada…
 
 
Las aguas rugieron, respondiendo a la llamada de Poseidón. Primero se alzaron rodeando el cuerpo de su señor quien con su tridente apuntaba en dirección al primigenio dios mientras que, sobre su cabeza, las nubes se arracimaban danzando, girando violentamente y la tormenta se desencadenaba sobre los océanos de la tierra…
 
A un grito suyo, su tridente emitió un fulgurante destello azulado y las aguas descendieron en picado sobre Dagón a la par que la intensa lluvia se precipitaba sobre ellos desde los cielos.
 
Poseidón sonrió sin embargo, al instante la risa se quebró en sus labios. Al contacto con los impresionantes destellos de la energía de Dagón, las aguas retrocedieron sumisamente y la tormenta se calmó…
 
-¿De qué te extrañas Poseidón?- inquirió Dagón- Mucho antes que tú yo gobernaba sobre las aguas… como puedes ver, ¡yo soy su único señor!
 
Encolerizado, los ojos de Poseidón destellaron a la par que tomaba la iniciativa lanzándose sobre el Océano Tenebroso, concentrando su energía en la palma de su mano izquierda, realizando un titánico esfuerzo para contrarrestar la influencia de las poderosísimas fuerzas ancestrales bajo las que todavía se hallaba sometido en un intento de acercarse lo suficiente al primigenio dios para poder golpearle; Poseidón se vio obligado a cerrar sus ojos frente a los violentos y fulgurantes destellos que emitió su energía al oponerse a estas terribles fuerzas…
 
…demasiado rápido, demasiado violento como para poder hacer algo al respecto Poseidón si quiera tuvo tiempo de rodearse con parte de su energía para evitar el giro tenebroso que tomaron los acontecimientos. Dagón ya se hallaba frente a él. Un golpe terrible, el propiciado por el poderoso puño de Dagón se hundió en su cuerpo, traspasándolo de un lado a otro.
 
Al instante su mirada se enturbió por completo mientras que todo su cuerpo se convulsionó con  una violenta arcada. Poseidón derramó su icor sobre el pecho del Océano Tenebroso, a la par que este golpeaba violentamente su rostro, sumiéndolo en un mundo de oscuras y densas tinieblas…
 
Un fino hilo dorado, descendió entonces desde la prodigiosa altura en la que ambos dioses combatían…
 
 
-¡Noooooo!
 
El lastimero grito de Kalos se alzó sobre el rugir de las olas. Rodeado de toda su energía, el general se lanzó convertido en un cometa azulado sobre la figura de Dagón que en esos momentos, golpeaba violentamente el rostro de su señor…
 
Algo dorado descendía emitiendo unos hermosos destellos desde las alturas. Kalos abrió su mano y aferró el tridente de su señor que descendía hundiéndose en la profundidades al igual que lo hacía en esos momentos el cuerpo de Poseidón.
Asomando desde la hiriente herida abierta sobre la superficie del mar, el iracundo Océano Tenebroso convocaba las primigenias aguas para que estas se concentraran sobre las palmas de sus manos abiertas y descendieran finalmente sobre el cuerpo del impostor.
Interceptando a su señor que caía inconsciente, Kalos abrazó el cuerpo de Poseidón protegiéndolo con el suyo en el momento en el que Dagón lanzaba su letal ataque sobre señor…
 
 
TRES GENERALES Y UNA DIOSA
 
 
Imparable, no había forma de contenerla... Lamaco salió despedido por los aires mientras Talasa paraba en seco el puño de Nommo que se había lanzado sobre la diosa. Rodeándose de toda la potencia que pudo reunir, la energía del general de Lyumnades fluyó a través de su brazo propiciando una terrible descarga a la diosa quien lo liberó…
 
Aullando presa de la frustración, Talasa giró en el momento en el que Chusor se lanzaba de nuevo al ataque junto a Nommo y Escila se levantaba aferrándose las costillas.
 
-Debo admitir que para ser unos simples mortales sois mucho más poderosos de lo había imaginado.
 
Talasa apartó su rostro y el puño de Chusor pasó rozándole la mejilla, abriendo un fino tajo en esta, mientras la diosa detenía con su antebrazo la pierna de Nommo y posteriormente saltaba evitando las garras del águila de Escila.
 
-Pero me estoy cansando de este maldito jueguecito que nos traemos entre manos…
 
Las escamas de la diosa comenzaron a irradiar unos violentos destellos acerados…
 
-¡Ahora mismo os destruyo a los tres! ¡OCÉANO TENEBROSO!
 
Nommo saltó alejándose de las oscuras y violentas ondas de energía que emitían los puños de Talasa, mientras que Chusor convocaba frente a sí un poderoso muro con las corrientes que creaban sus manos al moverlas velozmente frente a su cuerpo aunque finalmente, Talasa consiguió traspasarlo, golpeando e impactando sobre el cuerpo del general que salió despedido varios metros hacia atrás y Escila caía de bruces al recibir de lleno el golpe de la diosa…
 
-¡IMPACTO DE LA SALAMANDRA!- gritó entonces Nommo cargando desde la derecha sobre Talasa.
 
-No es suficiente.
 
Talasa contuvo el ataque de Nommo con la palma de su mano sin embargo este, lejos de darse por vencido, retrocedió algunos pasos volviendo inmediatamente al ataque…
 
-Te he dicho que es inútil.- conteniendo el puño del general con su mano derecha realizando un rápido giro con su puño izquierdo, Talasa golpeó violentamente a Nommo aturdiéndolo para posteriormente lanzarlo por los aires. 
 
-¡ALIENTO DIVINO!- gritó entonces Chusor, sorprendiendo a la diosa que en esos momentos iba a lanzarse sobre el aturdido general de Lyumnades cuyo cuerpo acababa de impactar contra él suelo.
 
-¡TORNADO DE ESCILA!- haciendo un gran esfuerzo, letalmente herido, Escila se unía al ataque de su compañero contra Talasa.
 
Uniendo sus técnicas, los dos generales atacaron como una sola fuerza a Talasa. Una violenta explosión sacudió entonces todo el fondo marino… apretando los dientes, la diosa contuvo durante unos instantes los dos ataques combinados ante ella.
 
Invocando las primigenias y ancestrales fuerzas de Dagón, las escamas de Talasa imbuidas de la prodigiosa energía de su señor, comenzaron a irradiar una fulgurante luz plateada…
 
Los dos generales se miraron unos instantes a los ojos. Sonrieron y ambos avanzaron algunos pasos al unísono, sin dejar de alimentar con sus energías sus respectivos ataques, empujando la peligrosa amalgama de energía que permanecía en equilibrio frente a ellos y Talasa…
 
-¡Es demasiado fuerte!- gritó Chusor, cuyos antebrazos temblaban debido a la increíble presión a los que estaban sometidos.
 
-¡No desesperes!- gritó entonces Escila, sin embargo, la bola de energía comenzó a moverse en dirección a ellos…
 
-¡Vais a lamentar haber derramado mi sangre! Pronto mi señor Dagón destrozará a Poseidón y yo haré lo mismo con vosotros.
 
El increíble poder de Talasa empujaba la fatídica bola de energía en dirección a los dos generales que contemplaban atónitos su avance sin poder hacer nada por evitarlo…
 
-¡Estáis perdidos!- gritó eufórica Talasa.
 
 
Estaba completamente destrozado sin embargo, Nommo consiguió levantar su cabeza y abrir sus ojos cuando unas violentas ondas golpearon su rostro. Chusor y Escila luchaban codo con codo contra Talasa… aunque nada   podían contra ella.
 
-¡No…no…!- jadeando, apretando sus dientes, Nommo finalmente consiguió levantarse… pero… ya era tarde…
 
 
“No puedo creerlo”, se decía Talasa así misma, “¿Cómo es que aún tienen fuerza para seguir en pie?” Haciendo a su vez un gran esfuerzo, Talasa de nuevo recurrió a la poderosa energía de Dagón…
 
-¡Préstame tus fuerzas mi señor!- gritó- ¡FUERZAS ANCESTRALES DEL OCÉANO TENEBROSO!
 
Un violentísimo temblor sacudió todo el fondo marino… las escamas de Talasa irradiaron un brillo letal y mortecino, refulgiendo aceradas bajo la plateada luz que descendía sobre ella desde la enorme brecha abierta en la superficie del mar donde Dagón se hallaba…
 
Alimentada por el prodigioso dunamis del Océano Tenebroso, el peligroso cúmulo de energía que hasta hacía unos instantes había permanecido en precario equilibrio, avanzó inexorablemente sobre ambos generales barriéndolos, destrozando sus cuerpos, golpeándolos con toda la furia contenida de la oscura y primigenia diosa del mar… Chusor y Escila cayeron fulminados al instante.
 
-¡Maldita bruja!- gritó Nommo encolerizado, lanzándose sobre Talasa.
 
-¡No sufras traidor, pronto les acompañarás!
 
Apartando su cabeza, el puño de Nommo hendió el aire levantando parte de las destrozadas escamas que protegían su cuello y hombros. Jadeando, Talasa retrocedió unos pasos mientras intentaba contener los continuos ataques del general…
 
-¡Voy a destrozarte Talasa!
 
-Dudo mucho que puedas hacerlo… -realizando un rápido giro, Talasa hundió su puño en el rostro de Nommo- No voy a negar que me habéis sorprendido. Jamás imaginé que unos simples mortales pudieran siquiera llegar a rozarme…- sonriendo Talasa apostilló- en efecto, sois mucho más fuertes y poderosos de lo que me esperaba sin embargo, tus compañeros ya han mordido el polvo y mucho me temo, tú no eres mejor que ellos… aunque lo intentes mil veces, aunque me ataques con toda tu rabia y tu ira, ¡nunca!, ¿entiendes? ¡Nunca podrás derrotarme!
 
Aullando, la energía de Nommo estalló violentamente, emitiendo unas  poderosas descargas verdosas que recorrieron todo su cuerpo…
 
-Estás muy equivocada Talasa, aunque me cueste la vida, te derrotaré…
 
 
 
LAS FUERZAS DEL CAOS 
 
 
Sobre su cabeza, las nubes comenzaron a girar frenéticamente, mientras poderosas descargas descendían sobre la tierra y la superficie del mar y Poseidón caía inconsciente a las abiertas profundidades oceánicas.
 
Sin perder la concentración, Dagón invocó a las destructoras fuerzas de la oscuridad… extendiendo sus robustos brazos hacia el apagado firmamento, primero convocó la ayuda de su padre…
 
 
Observándolo todo desde la cúpula celestial, Zeus exhaló violentamente el aire de sus pulmones a la par que hundía los dedos de su mano izquierda en la hermosa balaustrada y aferraba con mayor fuerza aún el rayo…
 
“Caos”, musitó entre dientes…
 
-¡Despierte…, mi señor, despierte!
 
Kalos descendía aferrando el cuerpo de Poseidón, mientras atónito contemplaba las gigantescas masas de aguas ascender, “despegándose” del fondo marino, mostrando al firmamento aquello que debía permanecer oculto… los dominios de su señor…
 
 
De algún lugar perdido entre las estrellas, surgió aquel espantoso rugido que se propagó a través del infinito. Un violento rayo rojizo rasgó la abismal oscuridad que sólo los plateados reflejos que emitía el poderoso dunamis de Dagón aplacaban en parte. Los brazos del Océano Tenebroso temblaron al descender sobre ellos el  maligno influjo, las negras fuerzas de la creación y destrucción, el poder  de su padre… Caos.
 
 
“Este es el fin…” Exhalando violentamente el aire de sus pulmones, Zeus contemplaba la imponente figura de Dagón sobre la que descendían ahora las poderosísimas fuerzas que una vez, dieron origen al universo…
 
“No puede ser… convoca el poder de su padre, invoca el tenebroso vacío.”
 
Un fuerte estremecimiento recorrió todo su cuerpo, sus piernas flaquearon. Aún le faltaban piezas, sin embargo, comenzaba a comprender lo que estaba ocurriendo… 
 
“No puedes morir, Poseidón… no puedes morir.”
 
Hundió aún más su mirada en aquel profundo tajo que Dagón había abierto en las aguas… buscó a Poseidón y lo halló entre los brazos de uno de sus guerreros que en esos momentos lo depositaba en el suelo… sus ojos destellaron entonces…
 
“Tengo que hacer algo… debo ayudarlo.”
 
Zeus extendió su brazo izquierdo apuntando con él a Dagón mientras levantaba su brazo derecho y en el  refulgía el rayo cuando de nuevo volvió sus ojos hacia su hermano Poseidón y sonrió…
 
“Necesito tu ayuda Poseidón, necesito que combatas junto a mí…”
 
 
 
La espantosa risa de Talasa laceró sus oídos… el mar ya no obedecía a su señor Poseidón… colosales masas de agua se alzaban hacia la superficie, a las manos de Dagón. 
 
-Contempla traidor el verdadero poder del único señor de los Océanos, mares y ríos, contempla el poder de un auténtico dios.
 
Apretando sus dientes, la energía de Nommo estalló lamiendo las rocas desnudas y descarnadas ahora que el mar se había retirado…
 
A los pies de Sorrento y Kalos, yacía el cuerpo de Poseidón mientras la poderosísima y primigenia energía de Dagón fluía salvaje e imparable a través de las aguas…
 
-Poseidón es historia- dijo Talasa- ríndete y jura lealtad al verdadero y único dios que gobierna las aguas.
 
-Jamás Talasa…- clavando sus misteriosos ojos en los profundos pozos negros de Talasa, Nommo sonrió.- Yo sólo sirvo a Poseidón. Él, es mi señor, mí único dios. 
 
-Peor para ti imbécil…- los ojos de Talasa destellaron a la par que la diosa se preparaba, concentrando su energía para lanzar su ataque sobre Nommo.
 
-¡Yo no le temo a nada Talasa!- gritó entonces Nommo, rodeándose de toda la potencia de su energía- No me importa perder hoy mi vida... pero antes has de saber que pase lo pase… ¡hoy mueres conmigo! ¡VENENO DEL ALMA!
 
A través de la piel de Nommo comenzaron a rezumar cientos de  pequeñas fumarolas que al instante los rodearon...
 
-Eres un iluso. ¿Qué demonios pretendes?- Talasa agudizó su vista. La figura de Nommo se deshizo tras la intensa cortina verdosa que este había creado, sin embargo, la diosa sonrió.- Sí piensas que un muro de humo va a evitar que te encuentre y acabe contigo es que eres mucho más tonto de lo que imaginaba. Soy una diosa, de nada te servirán estos trucos contra mí.
 
Pero… al instante, la diosa comenzó a toser a la par que sentía que sus escamas se resecaban al contacto de aquel extraño humo verdoso.
 
-¿Eso crees Talasa? No existe sustancia más letal en la tierra que este humo que estamos respirando…
 
-No me hagas reír, ¿y qué si es letal? Lo será para ti que eres un simple mortal.-gritó la diosa, aunque no podía parar de toser y cada vez le costaba más respirar.
 
-No entiendes nada Talasa, esta es mi técnica definitiva. Durante años entrené junto a mi señor rodeado de las criaturas más peligrosas y venenosas del mar; así fue como desarrollé esta técnica fatal… Sé que Poseidón me perdonará. Mi señor me prohibió emplear esta técnica por qué… no sólo es letal para quien la recibe, sino también para quien la ejecuta. ¿A qué esperas Talasa? ¡Vamos, atácame! Todo es inútil ya, ambos moriremos… ¡Atácame diosa del mar! Estoy aquí, justo delante de ti.
 
Alzando sus brazos al aire, las escamas de la diosa emitieron unos rápidos y fulgurantes destellos azulados… agudizando su vista que se hallaba algo nublada por la exposición al veneno, adentrándose a través del espeso humo verdoso, localizando la figura del general que efectivamente se hallaba ante ella… sonriéndole abiertamente, incitándola a que lo golpeara.
 
“Pero… ¿Qué demonios? Acaso, ¿se está burlando de mí?”
 
Enojada, Talasa aulló haciendo estallar violentamente su energía, ¿cómo es que se atrevía a burlarse de ella?
 
-¡Maldito seas traidor!- gritó enojada-¡Muere! ¡OCÉANO TENEBROSO!
 
Las oscuras ondas del ataque de Talasa se adentraron en el verdoso humo que los separaba, impactando de lleno en el cuerpo del general que  salió despedido por los aires, completamente destrozado.
 
-Me temo que hablaste más de la cuenta…
 
Sonriendo, a pesar de que no podía parar de toser y sentía su garganta reseca e irritada;  Talasa se dio la vuelta cuando… de repente…
 
-¡VENENOSO GOLPE DE LA SALAMANDRA!
 
Los insondables pozos de Talasa contemplaron por última vez el misterioso e inquietante brillo verdoso de los ojos de Nommo en el momento en el que este hundía su puño en su corazón, traspasando sus poderosas e iridiscentes escamas plateadas, adentrándose en sus negras y turbias entrañas…
 
-¿Có…cómo?- a través de su boca Talasa expulsó un violento caño de sangre, su pecho ardía, su piel también…-has recibido mi ataque, estabas muerto…
 
-Yo soy Nommo, el cazador de corazones…- los inquietantes ojos de Nommo destellaron.- Siempre me llevo el corazón de mi ene…
Unas fuertes sacudidas sacudieron sus cuerpos… con el brazo hundido en el pecho de la diosa, Talasa y Nommo cayeron al suelo uno al lado del otro, los insondables pozos negros reflejándose en los inquietantes orbes esmeralda.
 
 
 
“Kalos, Dragón de los mares…” Una potente voz reverberó en el interior de su cabeza…
 
 El general frunció el entrecejo y sacudió su cabeza… sin embargo al instante volvió toda su atención de nuevo a Dagón. 
 
Rodeados de sus respectivas energías, Sorrento y Kalos aguardaban el fatal momento en el que Dagón finalmente los atacara… tras ellos Talasa luchaba contra un destrozado Nommo de Lyumnades que no había podido hacer nada por evitar que la primitiva diosa del mar acabara con la vida de  sus compañeros, mientras que en los cielos, Zeus alcanzaba a encajar alguna de las enrevesadas piezas de la trama que… ahora comprendía, estaba destinada a acabar no sólo con su hegemonía en los cielos, sino con todo cuánto había sido  creado…
 
“Kalos, Dragón de los mares… toma el tridente de tu señor…”, de nuevo aquella poderosa voz reverberó en el interior de su cabeza… “Lucha Kalos.”
 
El rugido del mar era atronador… las crestas de las olas asomaban enfurecidas sobre la prodigiosa hendidura abierta en el mar, bañando los rostros de Sorrento y Kalos que contemplaban atónitos al primigenio dios terminar su invocación…
 
-Sorrento…- el joven alzo su mirada y buscó los ojos del dragón de los mares- Protege a Poseidón…
 
No sabía quién le estaba hablando, pero, fuera quien fuera, iba a obedecerle.
 
-¡Kalos! Es imposible… no podemos vencerle…
 
Pero, al instante, el joven enmudeció. Su comandante. Los ojos de Kalos destilaban un brillo y una energía fuera de lo normal… parecía imbuido de…
 
-Toma el cuerpo de Poseidón y apártate.
 
Al instante, Sorrento obedeció. Rápidamente, el joven general tomó el cuerpo de su señor y se hizo a un lado, mientras Nommo caía al suelo junto a Talasa y Kalos aferraba el tridente de Poseidón…
 
 
EL ÚNICO SEÑOR DE LOS OCÉANOS
 
Sosteniendo sobre su cabeza las poderosas fuerzas de la creación y destrucción; sonriendo, Dagón contempló divertido al general que… rodeándose en esos momentos de su “débil” energía, tomaba el tridente de Poseidón aferrándolo con fuerza y determinación y osaba fijar su mirada en el que era un dios…
 
-¿Qué pretendes hacer insignificante mortal?- inquirió Dagón.
 
-Te prohibí que te acercaras a mí señor.
 
Dagón estalló entonces en una sonora carcajada.
 
-Un mortal prohibiéndole a un dios…- la energía de Dagón refulgió violentamente inundando con sus plateados reflejos las oscuras masas de aguas, iluminando con su luz acerada y letal el rostro del enojado general.- Mira mortal, contempla el poder del Océano Tenebroso. ¡Madre!- gritó entonces Dagón- Oscura y poderosa señora, Noche Perpetua… madre, entrégame tus fuerzas…
 
 
“No le permitas reunir las fuerzas del Caos con las de la Noche Perpetua.  Ataca dragón de los mares, ataca a Dagón antes de que llegue a completar su ataque o el daño será irreparable…”
 
 
Los nudillos de su mano derecha palidecieron al aferrar con fuerza el tridente de su señor. Kalos sentía la poderosa esencia de su Poseidón que fluía a través de su mano, que ascendía por su brazo inundando su ser…
 
-¡No te voy a permitir que dañes a mi señor!- gritó enojado Kalos a la vez que su energía estallaba en unas poderosas ondas azuladas que comenzaron a ascender en dirección a Dagón.
 
 
-Despertad, señor, despertad…
 
Las descargas azuladas que emitía la energía del dragón de los mares se deslizaron a través del fondo marino… varias llegaron hasta Sorrento rozando la magnífica armadura de su señor que comenzó a emitir unos pálidos reflejos dorados…
 
-Señor…
 
Unos ligeros estremecimientos recorrieron el cuerpo de Poseidón. Lentamente fue abriendo sus ojos mientras un destello de esperanza comenzaba a asomar a los de Sorrento.
 
-¿Dagón?- inquirió Poseidón intrigado, cuando la plateada energía del primigenio dios emitió unas poderosísimas descargas que engulleron a la del dragón de los mares.-¿Dónde…?
 
-Al fin señor, al fin habéis despertado…
 
Rápidamente Poseidón se levantó ayudado por Sorrento. Los ojos de Poseidón destellaron iracundos, rodeándose de toda la potencia de su energía…
 
En esos momentos y a pesar de que la primitiva y densa energía de Dagón, caía sobre, él… Kalos saltaba envuelto en unos pálidos reflejos azulados sobre los que destacaba uno intenso brillo dorado…
 
-Kalos…- Poseidón no podía dar crédito a lo que su general estaba haciendo cuando…
 
 
“No puedo… no puedo llegar hasta él.” Apretando sus dientes, Kalos intentaba por todos los medios avanzar en el interior de aquella increíble corriente plateada que envolvía a Dagón… 
 
A pesar de hallarse rodeado por toda la potencia de su energía, sentía cómo el denso dunamis del primigenio dios laceraba su cuerpo, rasgando, abrasando su piel debido a la intensa fricción entre sus respectivas energías.
 
Dagón sonreía al contemplar los intentos del dragón de los mares por abrirse paso a través de la prodigiosa barrera creada por su magnífico dunamis. Acabaría desintegrándose mucho antes de llegar siquiera a rozarlo… Aunque debía admitir que, ese simple mortal estaba demostrando poseer una fuerza y un poder extraordinarios… 
 
El negro manto de la noche envolvía ya el cuerpo de Dagón, ahogando con su profunda oscuridad los plateados brillos del dunamis del primigenio dios mientras que… sobre sus manos las fuerzas de Caos giraban oscureciéndose al contacto con la energía de la Noche Perpetua…
 
-Este es el fin…- dijo Dagón alzando su mirada hacia sus manos, emitiendo unos enceguecedores destellos plateados…-pronto mi ataque estará completo.
 
-¡PODEROSA BATIENTE DE OLAS!- gritó Kalos empleando el poderoso empuje de su ataque para lanzar el tridente de su señor contra Dagón.
-¡No puedes nada contra mí insignificante gusano!- gritó Dagón alimentando con su dunamis la densa y perturbadora bola de energía que sostenía sobre su cabeza, mientras el tridente de Poseidón avanzaba perdiendo cada vez más potencia y velocidad ante los desesperados ojos del dragón de los mares.- ¡Vais a morir, todos!
 
Cuando, de repente, Dagón abrió sus ojos sorprendido… había estado tan concentrado en reunir las energías del Caos y la Noche que no se había percatado de que Poseidón se había recuperado.
 
Cayendo completamente destrozado desde las alturas debido al increíble esfuerzo que había realizado, Kalos sonrió al sentir la presencia de su señor. Abrió sus ojos y contempló al poderoso Poseidón estallar iracundo, lanzándose  contra el primigenio dios…
 
-¡Llegas tarde Poseidón!- en esos precisos instantes, el tridente de Poseidón se detenía ante el pecho de Dagón, quien estalló en una sonora carcajada, emitiendo un poderoso destello que lanzó violentamente el tridente hacia atrás de vuelta a las manos de Poseidón.
 
Apretando sus dientes, tomando al vuelo el tridente que la energía de Dagón había alcanzado a repeler cuando iba a atravesarle el pecho, Poseidón fijó sus ojos en los del primigenio dios…
 
-Yo soy el único señor que gobierna sobre las aguas Dagón…
 
-Pues, detén esto sí puedes…
 
Ahora que finalmente había conseguido reunir las fuerzas de sus padres, Dagón lanzó la oscura bola de energía sobre Poseidón quien, concentrando su poderoso dunamis hasta el paroxismo, alzó su tridente lanzando su energía contra aquella poderosa y destructora fuerza creada por Dagón…
 
-¡No puedes detenerla! Estas son las fuerzas que dieron origen al universo, ¡no hay forma de pararlas!- Dagón estalló en una estentórea carcajada contemplando los esfuerzos de Poseidón por contenerla.- pero, de todas formas… estoy deseando volver a mis dominios.- alzando sus brazos frente a su cuerpo, Dagón empujó con su energía su ataque…-¡Desaparece de una vez por todas, impostor!
 
 
“Resiste Poseidón… te necesito hermano, necesito que luches a mi lado.” Los ojos de Zeus destellaron, el rayo refulgió en su mano. Agudizando su vista, Zeus apuntó en dirección al lugar donde se estaba desarrollando el combate…
 
“Ahora, ahora es el momento…”
 
Profiriendo un grito, Zeus lanzó el rayo en dirección a…
 
 
Un estridente aullido se abrió paso entre el intenso clamor del rugiente mar y las refriegas de la batalla entre Dagón y Poseidón… 
El primigenio dios giró su rostro atónito… una increíble descarga dorada, un poderoso rayo, se abría paso a través de los insondables y perpetuos mantos de la noche… Poseidón a su vez, contempló atónito el avance del rayo que… para su sorpresa, se dirigía hacia él…
 
 
-¡Kaaaloos!
 
Desde el fondo marino Kalos y Sorrento contemplaron el fulgurante destello dorado que iluminó con su enceguecedor brillo divino la insondable oscuridad que los amortajaba… 
 
Se produjo entonces una violentísima explosión. Las poderosas ondas que esta provocó se expandieron sacudiendo los embravecidos muros de agua mientras que toda la tierra gimió y se estremeció sobre sus cimientos… golpeando a Kalos y a Sorrento que perdieron el conocimiento mientras sus cuerpos, así como los de Nommo, Chusor, Escila, Talasa y los guerreros de Dagón, salían rodando por los suelos, adentrándose en los dominios de Poseidón…
 
 
El poderoso rayo impactó contra la densa bola de energía que se cernía sobre Poseidón. La explosión que originó fue tan fuerte y poderosa que lanzó a ambos dioses varios metros hacia atrás, dañándolos por igual a ambos…
 
 
Dolorido, destrozado, Poseidón se hundió en las turbulentas aguas que habían vuelto a ocupar su lugar. Aún aturdido, consiguió sin embargo salir al exterior. Jadeando contempló el oscuro horizonte mientras las embravecidas aguas lamían su magnífica armadura…
 
 -Zeus, hermano… ¿por qué me has ayudado?- musitó entre dientes a la par que se concentraba en sus heridas abiertas sanándolas con su energía. ¿Dónde estás Dagón?, se preguntó así mismo mientras limpiaba con el reverso de su mano la sangre que se le escapaba por la nariz.
Un violento destello plateado surgió entonces lacerando, abriendo de nuevo en dos la superficie del mar… Poseidón frunció su entrecejo, sus ojos destellaron…
 
Convertido al instante en un fulgurante destello dorado, Poseidón  surcó la superficie del mar, separando sus masas, deslizándose velozmente al encuentro con el otro prodigioso destello plateado que igualmente, avanzaba en su dirección…
 
Ambos dioses colisionaron rodeados de toda la potencia de sus respectivas energías, sacudiendo el firmamento, levantando olas gigantescas, estremeciendo los pilares de la tierra…
 
Jadeando, gravemente heridos ambos tras la explosión de las fuerzas del Caos y la Noche, se hundieron en las oscuras y densas profundidades del océano… en sus elementos…
 
Sin soltar su tridente Poseidón se lanzó en una lucha cuerpo a cuerpo contra el Océano Tenebroso.
 
-Este es mi reino- entre jadeos Poseidón contuvo el puño de Dagón- Yo soy el único dios de los Océanos, mares y ríos.- aferrando con fuerza su tridente Poseidón saltó retrocediendo, dejando fluir su energía por todo su cuerpo hasta concentrarla en su brazo derecho donde su tridente comenzó a emitir unas fuertes vibraciones.
 
-Estos fueron mis dominios mucho antes de que tú existieras… No Poseidón, Yo soy el verdadero señor que gobierna sobre las aguas y sus criaturas…- colocando las palmas de sus manos frente a su cuerpo Dagón igualmente comenzó a concentrar su oscura y densa energía.- Este es tú fin, Poseidón…- mientras hablaba su dunamis emitía unas poderosas descargas plateadas entre sus manos- ¡Muere impostor! ¡OCÉANO TENEBROSO!
 
Al instante todas las masas de aguas situadas tras Dagón retrocedieron, separándose violentamente de aquellas que cubrían a Poseidón… El poderoso dios primordial lanzó la energía contenida entre las palmas de sus manos junto a las colosales masas de agua que había escindido del resto contra Poseidón…
 
Profiriendo un estridente grito, Poseidón apuntó al corazón de Dagón con su tridente y, tras tomar impulso, lo lanzó junto a toda su energía sobre el primigenio dios y el resto de las aguas que habían quedado tras el… cayendo agotado sobre sus rodillas al suelo mientras contemplaba el prodigioso destello dorado de su ataque abriéndose paso entre las densas y plateadas aguas que Dagón había enviado sobre él...
Poseidón sonrió al igual que Dagón al contemplar el asombroso tridente abriéndose paso a través de su ataque, consciente de que... ambos se aniquilarían y no quedaría dios alguno para gobernar sobre los océanos, mares y ríos…
 
-Ya está…- sin dejar de sonreír Poseidón se levantó para recibir de pie el ataque mortal de Dagón…
 
Por su parte, Dagón intentó reunir algo de su agotada energía para protegerse… apretando sus dientes se esforzó en crear una pequeña barrera frente a su cuerpo, sin embargo, todo fue en vano… el tridente de Poseidón finalmente se abrió camino entre los despojos de su agotado dunamis; Dagón alzó su mirada al oscuro palio que los cobijaba y contempló por última vez el rostro de la Noche perpetua mientras las estrellas comenzaban a titilar ahora que la mortecina luz de la luna comenzaba a apagarse mientras el tridente del impostor se hundía en su pecho y traspasaba su corazón…
 
Las incontenibles masas de agua se cernían sobre él y él no podía hacer nada por detenerlas… “Qué ironía”, se dijo así mismo... si quiera tenía fuerzas para frenar en parte el ataque de Dagón. 
 
Sucumbiría entonces, sucumbiría en pie como el único dios y señor de los océanos, mares y ríos… cuando…
 
Ágil y veloz, como una exhalación Hermes apareció junto a él, rodeándolo con su reconfortante energía.
 
-¡Vamos señor!- le dijo Hermes- Zeus requiere vuestra presencia en el Olimpo…
 
-Sí… Hermes, vámonos.
 
Destrozado, Poseidón sonrió al momento que ayudado por Hermes  desaparecía y la poderosa masa de agua convocada por Dagón se estrellaba fundiéndose en medio de un enceguecedor brillo plateado con el resto del mar mientras las oscuras y turbulentas aguas sobre las que… en su día reinó Dagón, fluyeron, se mezclaron y confundieron con las límpidas y cristalinas aguas sobre las que, ahora sí, sólo reina Poseidón.
 
 
Edited by plata
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  • Invitados

Ein??? no lo puedes dejar así ahora... que está de lo más interesante. Por cierto bonita lucha entre los generales Kraken y Crisaor contra Vergel, me gusta que hayas usado otros nombres para los generales de otra época y me gusta mucho el papel que le has dado a  Nommo.

 

Y dices que esto es una mezcla de doce pruebas... tío con razón tardabas tanto en terminarla, pero la verdad es que te ha quedado muy bien aunque es difícil apartarte de algún que otro monstruito... la cabra tira pal monte.

 

Por cierto buen nombre para el enemigo Dagón me trae recuerdos de mi juventud de uno de los juegos de mesa de eso de la marca Cefa.

 

Bueno como siempre una línea muy dinámica y un léxico perfecto y bien diluido. Macho también tú estás mejorando mucho, como ves hay vida más allá de lo macabro.

 

bueno compañero un saludo tío y una gran historia, a ver si no tardas en mostrarnos el final, me lo he leído en un plis plas y eso es por que engancha.

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Doce pruebas para la segunda parte de la historia... sudor frío me está dando la tercera que ya va enfilada...

 

No puedo evitarlo... :Face (18): no quiero emplear bestias pero... es que me falta la vida si no hay algo de brutalidad en lo que escribo... de todas formas no hay nada viscoso... ni tentáculos, apéndices varios... 

Lo de los nombres me ha traído de cabeza... y elegir los guerreros de Dagón al final fue fácil... me decidí por emplear grandes predadores marinos prehistóricos  :laugh:  a excepción de Caribdis.

 

Esta vez no voy a decir cuánto creo que voy a tardar en escribir el resto por que, siempre que me pongo una fecha, la historia se complica y acabo escribiendo doce versiones de lo mismo...

 

Gracias Archard, me alegro que te haya gustado... decidí separarlo en estos bloques por que así me era más fácil mantener la tensión... y creo que ha funcionado... ahora sólo me resta darle una tunda a Poseidón de esas legendarias...

 

Muchas gracias amigo... a ver cuándo nos das una alegría máquina... que se me van a fundir las neuronas como no lea algo ya...  :Face (16): Un abrazo amigo.

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:Face (43): Esto....hubiese jurado haber leído por ahí que no habría nada de ese lado oscuro de Plata,pero...que  narices,esto si que no me lo esperaba

 

un sádico asesino en masa devorador de carne  :82da9d58: ,oooooooooooooooooolé por tus huesos,pensaba que me dejarías sin mi ración de sanguinolenta :Face (41):

 

Creo que archad ha sido conciso y contundente,un léxico impecable,además de una narración muy fluida,rica y que te va enganchando a cada segundo y sin 

 

una milésima de lectura de la que no puedas disfrutar,bien sea por los combates,las grandiosas descripciones que haces que te hacen visualizar la escena

 

como si estuviera en hd,la trama,la tensión que le has dado al resurgir de Dagón,bueno ahora es a mí a quien le cuesta describir un trabajo IMPECABLE.

 

Muy mal por tu parte dejarnos en el punto álgido de la historia,ese enfrentamiento entre titanes,solo espero que le des una buena paliza a Poseidón :laugh:

Seguiré muy pendiente de esta historia amigo,un abrazo Plata.

 

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Gracias Pedro...

 

Una voz resuena en mi memoria... "pues mira que yo soy más amante que tú a las vísceras y cualquier bicho que no tenga forma humana..." :laugh:

Se me fundieron los cables macho... me dije tiene que haber mucha sangre y vísceras pero he de intentar que sea de una forma encubierta...  :Face (15): no sé si me explico... además, que razón tiene Archard cuando dice que la cabra siempre tira pa el monte... como buen hijo de Shub-Niggurath (entiéndase aquí como la deidad exterior a la que se conoce como la Cabra Negra de los bosques con sus diez mil vástagos) perderme en el monte es lo mínimo que puedo hacer... 

 

:unsure: Lo intento, de verdad, juro que intento no ser tan oscuro... pero... en fin... va a resultar ser mi sello distintivo...

 

Y, ahora  :Face (62): tengo que dejarle este careto a Poseidón (menos mal que me gusta... si no... madre mía como lo iba a dejar...)

Sé que he sido un pelín malvadete al dejar la historia en este punto... pero, quería crear algo de suspense e intriga...

 

bueno, me alegro Pedro que te haya gustado, ve preparando un impermeable por si te salpica la sangre de Poseidón... es todo cuanto puedo decirte... muchas gracias amigo, me animan mucho tus palabras. Un abrazo crack.

Edited by plata
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  • Invitados
Guest Fangstorm

Interesante  lectura.  Lovecraft es uno de mis autores favoritos este Crossover es un deleite para mi. 

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Vaya, me alegro que te guste. Me encanta Lovecraft, es uno de mis autores favoritos de hecho rara es la noche que no leo algún relato suyo... aunque lo haya leído ya con anterioridad...  :unsure: , hay relatos que me gustan tanto que los habré leído como treinta o cuarenta veces (El horror de Dunwich, El caso de Charles Dexter Ward, En las montaña de la locura..., En la cripta, La ratas de las paredes...), es apasionante...

 

Muchas gracias amigo Fangstorm por leer este relato y dejar tu opinión... curiosamente, en este relato  de Dagón que estoy escribiendo estoy intentando apartarme de toda viscosidad tentacular... pues me repito más que el ajo y ya iba siendo hora de que aportara algo de claridad a mi mundo :laugh: , pero a pesar de ello, no puedo evitar que despunte en mi algo del escritor que más sigo y me gusta :XD:  Dagón, al igual que en su tiempo las siete criaturillas de mis relatos anteriores son, en cierto modo, mi pequeño tributo a Lovecraft, sólo que en esta ocasión me he limitado a tomar el nombre para mi "deidad primigenia" de uno de sus fantásticos relatos, en los otros relatos intenté tomarlo todo... 

 

Pues lo dicho, gracias por pasarte y comentar amigo, me animan mucho tus palabras...

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  • 2 weeks later...

Bueno, finalmente he concluido con esta historia, en un principio pensé crear otro tema para ella, pero como no ha resultado ser tan larga como me temía, creo que está mejor aquí, como continuación de lo anteriormente escrito.

 

Yo me retiro por un tiempo, aunque he dejado la historia ahí casi colgada... nunca se sabe para donde tirará esta cabra, en fin... sólo me he querido asegurar una posible continuación...  :laugh:

 

Espero sinceramente que la disfrutéis, en fin compañeros, muchas gracias por leerla... 

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  • Invitados

jajaja eres increíble, al final te quedo fantástico el fic. El combate contra los dioses Talasa y Dagón es muy emocionante y sigo pensando que sobre todo Nommo te ha quedado genial como personaje. Me alegra ver tanta acción por parte de unos generales de Poseidón nunca vistos a modo de otra era y el combate entre dioses alternativos de los océanos muy entretenido la verdad. Te pones a leer y cunde la verdad.

 

Entiendo que estés saturado, yo por mi parte casi termino mi fic y estoy a punto de subirlo y te comprendo cuando uno necesita un descanso de tanta comedura de tarro jajaja

 

Bueno como dije no puedes evitar los monstruitos, miedo me da pensar que habrás hecho tú en Halloween  :d38f730b:

 

Un saludo compañero y a ver si en unos días puedo subir mi fic que ya me quedan los últimos retoques.

 

 

P.D Bueno en verdad me estaba preguntando cuanto te quedaría para terminarlo, me imaginaba que estabas a punto. Jejeje quería terminar una historia que tenía a medias y la verdad es que no me has defraudado con el final, el one vs one entre los dioses de los océanos repito muy bueno

Edited by archad
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:Face (42):  Bien... al fin, que buena noticia... no tardes mucho en dar esos retoques que  :Face (13): leñes, ya me tocaba a mí leer algo....

 

Qué comedura de tarro madre mía... no veía la forma de que quedara verdaderamente espectacular el combate entre Dagón y Poseidón, puesto que estos dos eran los que más me importaban.

Desde un principio tuve muy claro por ejemplo las personalidades de Talasa y Kalos... Nommo se fue perfilando poco a poco... en tres de las doce versiones que escribí para el resurgir de Dagón, Nommo era un traidor a Poseidón, pero también escribí la versión en la que Poseidón lo criaba como a un hijo (no sé por qué se me metió esa idea en la cabeza...) y bueno, al final me quedé con esta versión de Nommo que parece ha gustado mucho y la verdad, me ha ayudado a darle un fin digno a Talasa, pues en un principio iba a ser Kalos quien muriera contra ella...

 

En fin, que estoy muy satisfecho y feliz ahora que por fin esta criatura ha comenzado a dar sus pasos...  :3d35bdf8: No me he limitado a dejarme una puerta abierta, más bien, de atreverme a escribir una continuación abriré la caja de Pandora... le he cogido gusto a esto de patearles el culo a los dioses...

 

Gracias amigo, muchas gracias por tus palabras, por tu apoyo y tus consejos... que sería de Plata sin Archard? Creo que no escribiría nada...

 

De nuevo gracias amigo... no tardes por lo que más quieras... que tengo que destensarme...  un abrazo crack, me tienes al quite de nuevo....  :biggrin:

 

pd- en cuanto a Halloween, una noche francamente terrorífica con agradables lecturas en la semipenumbra de mi habitación... 

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Lo que has hecho con Nommo y ese cambio de ser un traidor a lo que lo has convertido es para mi un super acierto, además soy del todo defensor de los personajes que kuru a tirado por tierra, de ese general se puede sacar mucho provecho. Puedes estar contento ya que creo que la obra tiene mucho agarre y una gran cantidad de buenos combates fieles a tu estilo personal.

 

Jajaja que sería Plata sin Archad? de eso nada más bien yo diría que buena amistad que tenemos dentro de estas historias, que siempre estamos ahí. Tú me has enseñado mucho con tus fics,  tienes un don para escribir la forma en la que redactas, tu abundante léxico y otras cosillas más por ahí que me permiten o bien tomar ejemplo o bien espabilarme por que tu nivel está muy alto.

 

PD. jajaja ya sabía yo que tú en Halloween no ibas a estar precisamente viendo "abuelo made in Spain"  :biggrin:

 

 

REPD. A ver si al final de semana o principios de la otra subo ya de una este fic sobre Asgard que me trae de cabeza, tengo el perol echando humo XDDD

Edited by archad
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